jueves, 30 de septiembre de 2010

Claudio de Lorena


Claude Gellée, nacido en Lorena, desarrolló la mayor parte de su carrera en Italia, como Poussin, y murió en Roma. El fue quien orientó la pintura francesa del siglo XVII hacia el paisaje de los holandeses, partiendo de la tradición paisajista del clasicismo barroco se convertirá en el creador del paisaje idealizado y de toda una nueva escuela en el paisajismo. Su innovación radica en darle valor al paisaje por si solo, a la observación del color y su desarrollo con los cambios de la luz a lo largo del día, esto lo consigue partiendo del estudio de otros maestros como de Anibal Carracci y de Domenichino, y de una constante y minuciosa observación de la naturaleza, precediendo a los paisajistas ingleses y a los impresionistas. El pintor capta el efecto de una luz determinada sobre las formas sólidas que hace que parezcan borrosas y etéreas. Defiende un concepto de la luz que compartía con pintores de su época como Vermeer y con otros posteriores a él, como Constable y Turner. Solía decir que vendía sus paisajes y regalaba los personajes que en ellos aparecían. En sus cuadros las figuras son minúsculas; lo predominante es el panorama, un panorama idealizado, pero que produce emoción, con sus juegos de luz y sus profundas perspectivas.



Los años cuarenta marcaron la plena definición del estilo de Claudio de Lorena en una linea de monumentalidad en los paisajes y vistas portuarias. Los lienzos adquirieron un esquema compositivo fijo en el que, dentro de un dominio de la simetría, hay siempre un primer plano teatral en donde aparecen los personajes relativos al tema del cuadro. A los lados grandes construcciones clásicas que encierran la composición como si fuese un decorado escénico. Al fondo el horizonte marcado por la gradación de la luz.
Sus marinas se difundieron con extraordinario éxito por toda Europa. Su celebridad produjo una gran cantidad de falsificaciones lo que llevo al pintor a reproducir en tamaño reducido todos los encargos que realizaba, esto es el llamado Liber Veritatis actualmente conservado en el Museo Británico de Londres. Era un gran dibujante del natural, estudia con la pluma y la aguada los medios para evocar el espacio y los reflejos mediante contrastes luminosos. Determina el paisaje en función de la intensidad de la iluminación y de los matices de la atmósfera, anunciando así la representación impresionista de una realidad lumínica constantemente efímera.






La luz determina el tratamiento del color, del espacio y de la composición por entero.
En sus vistas de puertos de mar hace a la luz protagonista. Buscando los efectos del sol fija una ancha linea del horizonte, abriendo luego un canal central de agua hasta el primer término, que aparece flanqueado por arquitecturas de palacios y muelles y por veleros y botes. Estaba muy atento a la composición del cuadro que subdividía en planos para llegar a una compaginación simétrica de la imagen: a unos dos quintos de la altura de la tela, situaba en primer plano la escena sobre una especie de escenario ideal con las figuras flanqueadas por edificios, mientras realzaba con una justa distribución de las masas y con la gradación de la luz la importancia del fondo paisajístico. El paisaje se hace autónomo, ya no es un decorado teatral , se convierte en el tema principal del cuadro. Al presentar un panorama , el pintor interpone la propia visión interior. Busca la naturaleza que ama e idealiza. Como diría Goethe: "Estos cuadros poseen la mayor de las verdades, sin sombra de la realidad".
Desde 1660 aproximadamente, evoluciona hacia posturas extremas, dentro de su lenguaje. Los matices de la aurora o del crepúsculo cobran una nueva e inquietante intensidad, surge una tendencia a la asimetría y mayores atrevimientos compositivos o cromáticos sin perder por ello el ritmo de su visión equilibrada y armónica de la naturaleza, que le convierten en el gran maestro del paisaje clasicista. Su principio de análisis de la luz influirá notablemente en el siglo XVIII, y no sólo en la pintura, sino también en la poesía y el paisajismo.

martes, 28 de septiembre de 2010

Partida de Ulises de la tierra de los Feacios




















Claudio de Lorena (1600-1682) pintó este cuadro titulado Puerto con la partida de Ulises de la tierra de los Feacios en 1646.
El pretexto clásico de este capítulo de La Odisea se convierte en un momento atmosférico totalmente dinámico. No interesan los detalles de primer plano ni los horizontes lejanos, sino captar un instante huidizo como un presagio del cambio. Resultan sorprendentes los reflejos nacarados sobre las aguas, las brumas en los celajes y los matices cromáticos en el mar, en las arquitecturas, en los barcos y en las figuras humanas. Lorena crea un espacio profundo de perceptiva al infinito, con los cambios de color que produce el haz de rayos del sol captado de frente al amanecer, al extenderse por la superficie de las aguas, al resbalar sobre muros y columnatas o al destacar las figuras a contraluz.
El resultado es unitario y sereno, sin buscar efectos aislados ni dramáticos. La luz unifica la visión, la fijeza del cromatismo y de las formas es transitoria. Porque la luz sigue el ritmo solar y el agua se mueve, todo parece a punto de cambiar.

En el lienzo vemos como Ulises se presta a partir hacia Ítaca desde el puerto de Feacia, será la última etapa de su viaje. Tras luchar diez años en la guerra de Troya, los dioses entorpecieron su travesía durante otros tres años hasta que cayó prisionero y se convirtió en amante de la ninfa Calipso. Sólo la intercesión de la diosa Atenea consigue que Calipso, locamente enamorada de Odiseo, lo deje volver a su hogar; el héroe griego le explica: «No lo lleves a mal, diosa augusta, que yo bien conozco cuán bajo de ti la discreta Penélope queda a la vista en belleza y en noble estatura. (...) Mas con todo yo quiero, y es ansia de todos mis días, el llegar a mi casa y gozar de la luz del regreso» Esa es la verdad de Ulises, la que adivinó Proust: «la verdad no existe para nosotros más que cuando es recreada por nuestra mente.»
Dice Milan Kundera en La ignorancia: «¡Calipso, ah, Calipso! Pienso muchas veces en ella. Amó a Ulises. Vivieron juntos durante siete años. No sabemos cuanto tiempo compartió Ulises su lecho con Penélope. Aun así, se suele exaltar el dolor de Penélope y menospreciar el llanto de Calipso.» Ya en el lejano, o cercano, siglo VIII a. C. los poemas épicos cantan el valor de la vuelta a casa, al hogar representado por una mujer, la diosa madre, la que teje y desteje, no sé que extraña tela de araña en la que todos debemos caer atrapados por el bien de los dioses y la patria; sin importar el bien de los hombres y las mujeres que sólo deben vivir para morir.
El viaje como metáfora de la vida, queremos lo que no tenemos, las aventuras suceden mientras navegamos, aunque lo que deseamos es estar en tierra firme, en el hogar; pero cuando la casa arde, con el monótono fuego diario del llar, lo que queremos es navegar, la huida. El héroe disfruta —sufre— las aventuras más legendarias pero su única meta es volver a la patria (la infancia).

Amo las horas oscuras de mi ser
en las que se ahondan mis sentidos;
en ellas, como en viejas cartas,
hallo mi vida cotidiana ya vivida
y lejana y olvidada como una leyenda.

Gracias a ellas sé que tengo espacio
para vivir otra ancha vida intemporal.
Y a veces soy como el árbol
que sobre una tumba, maduro y rumoroso,
cumple aquel sueño que el niño que se fue
(al que abraza con sus raíces tibias)
perdió en tristezas y canciones.

Rainer Maria Rilke, El libro de las horas.

sábado, 25 de septiembre de 2010

La ignorancia



La ignorancia,
Milan Kundera.
«En griego, "regreso" se dice nostos. Algos significa “sufrimiento”. La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. La mayoría de los europeos puede emplear para esta noción fundamental una palabra de origen griego (nostalgia) y, además, otras palabras con raíces en la lengua nacional: en español decimos “añoranza”; en portugués, saudade. En cada lengua estas palabras poseen un matiz semántico distinto. Con frecuencia tan sólo significan la tristeza causada por la imposibilidad de regresar a la propia tierra. Morriña del terruño. Morriña del hogar. En inglés sería homesickness, o en alemán Heimweh, o en holandés heimwee. Pero es una reducción espacial de esa gran noción. El islandés, una de las lenguas europeas más antiguas, distingue claramente dos términos: söknudur: nostalgia en su sentido general; y heimfra: morriña del terruño. Los checos, al lado de la palabra “nostalgia” tomada del griego, tienen para la misma noción su propio sustantivo: stesk, y su propio verbo; una de las frases de amor checas más conmovedoras es styska se mi po tobe: “te añoro; ya no puedo soportar el dolor de tu ausencia”. En español, “añoranza” proviene del verbo “añorar”, que proviene a su vez del catalán enyorar, derivado del verbo latino ignorare (ignorar, no saber de algo). A la luz de esta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia. Estás lejos, y no sé qué es de ti. Mi país queda lejos, y no sé qué ocurre en él. Algunas lenguas tienen alguna dificultad con la añoranza: los franceses sólo pueden expresarla mediante la palabra de origen griego (nostalgie) y no tienen verbo; pueden decir: je m´ennuie de toi (equivalente a «te echo de menos» o “en falta”), pero esta expresión es endeble, fría, en todo caso demasiado leve para un sentimiento tan grave. Los alemanes emplean pocas veces la palabra “nostalgia” en su forma griega y prefieren decir Sehnsucht: deseo de lo que está ausente; pero Sehnsucht puede aludir tanto a lo que fue como a lo que nunca ha sido (una nueva aventura), por lo que no implica necesariamente la idea de un nostos; para incluir en la Sehnsucht la obsesión del regreso, habría que añadir un complemento: Senhsucht nach der Vergangenheit, nach der verlorenen Kindheit, o nach der ersten Liebe (deseo del pasado, de la infancia perdida o del primer amor).»

«Según quiere hacer creer a los demás y a sí mismo, abandonó su país porque ya no soportaba verlo sometido y humillado. Lo que dice es cierto, pero los checos en su mayoría se sentían como él, sometidos y humillados, y no por ello se fueron corriendo al extranjero. Permanecieron en su país, porque se querían a sí mismos y porque se querían junto con su vida, inseparables del lugar donde habían crecido. Como su memoria era malévola y no le ofrecía a Josef nada que le le hiciera deseable su propia vida en el país, atravesó la frontera con paso ligero y sin remordimiento.
En el extranjero Josef se enamoró, y el amor es la exaltación del tiempo presente. Su apego al presente ahuyentó los recuerdos, lo protegió contra sus interferencias; su memoria no pasó a ser más malévola, sino más descuidada, como desprendida, y perdió poder sobre él.»
«Cuanto mayor es el tiempo que hemos dejado atrás, más irresistible es la voz que nos incita al regreso. Esta sentencia parece un lugar común, sin embargo es falsa. El ser humano envejece, el final se acerca, cada instante pasa a ser siempre más apreciado y ya no queda tiempo que perder con recuerdos. Hay que comprender la paradoja matemática de la nostalgía: ésta se manifiesta con más fuerza en la primera juventud, cuando el volumen de la vida pasada es todavía insignificante.»

«¿No veía una llamativa desproporción entre la insignificancia de la causa y la enormidad del acto? ¿Acaso no sabía que lo que proyectaba hacer era excesivo? Sí, pero precisamente lo que la atraía era el exceso. No quería ser razonable. No quería medir, no quería razonar. Admiraba su propia pasión, aun sabiendo que la pasión, no quería salir de esa ebriedad.»
«¡Ay, todo había, salido al revés de lo que había planeado! Había pensado convertirse en una eternidad que aniquilara todo porvenir y, en cambio, el porvenir estaba de nuevo allí, invencible, hediondo, repugnante, como una serpiente... Caminaría bajo el cielo negro hacia su muerte, hacia su verdadera muerte, la muerte lejana y trivial de la vejez.
¿Y él? Él vivía bajo un cielo que había dejado de existir para ella. Ya no la buscaba, ella tampoco le buscaba. Su recuerdo no suscitaba en ella ni amor ni odio. Cuando pensaba en él, estaba como anestesiada, sin ideas, sin emociones.»

«Todo el mundo se equivoca acerca del porvenir. El ser humano sólo puede estar seguro del momento presente. Pero ¿es realmente así? ¿Puede de hecho conocer el presente? ¿Es acaso capaz de juzgarlo? Claro que no. Porque ¿cómo podría comprender el sentido del presente el que no conoce el porvenir? Si no sabemos hacia qué porvenir nos conduce el presente, ¿cómo podríamos decirnos que ese presente es bueno o malo, que merece nuestra adhesión, nuestra desconfianza o nuestro odio?»

«—¿Te has fijado en cómo la burguesía, después de cuarenta años de comunismo, se ha recuperado en pocos días? Sobrevivió de mil maneras, unos en prisión, otros arrancados de sus puestos de trabajo, otros, por el contrario, se lo montaron de maravilla, hicieron brillantes carreras, fueron embajadores, profesores. Ahora sus hijos y sus nietos se han juntado otra vez en una especie de fraternidad secreta, copan bancos, periódicos, el parlamento, el gobierno.»

«Ella también piensa en el tiempo que se acorta; su obscenidad se vuelve por eso precipitada y febril, y salta de una fantasía a otra, intuyendo que ya es demasiado tarde, que ese delirio llega a su fin y que su porvenir permanece desierto. Suelta aún algunas groserías, pero las dice llorando, ya no puede más, abandona todo movimiento y se aparta de él.
—No te vayas hoy, quédate.
—No puedo.
—¿Cuando volveré a verte?
Él no contesta.
Ella espera inmóvil, mirándole de arriba abajo con todo el peso de una vida sin porvenir.
—¡No sabes quién soy! ¡Has ligado con una desconocida! ¡Has hecho el amor con una desconocida que se ha ofrecido a ti! ¿Has abusado de un malentendido! ¡Me has tomado por una puta! Para ti no he sido más que una puta, ¡una puta desconocida!
Se ha dejado caer en la cama y llora. »

Tres estudios para una crucifixión



Este cuadro lo pintó, cuando su amor, su amante, su amigo, su eterno compañero de borrachera decidió suicidarse en Tanger bebiendose a los niños y a todo el desierto.
La belleza del cuadro es espectacular, su hermosura recuerda al Cañon del Colorado.
Un tríptico, Bacon ha utilizado un soporte medieval, donde se plasmaba una narración bíblica a los siervos, la narración del miserable nacimiento del feto de Dios y su muerte, aun peor, traicionado por los hombres.
Bacon no utiliza el tríptico a la manera de un tebeo, como si fuesen tres viñetas, sino que lo hace como si fuese el invento de Abel Gance en "Napoleon", las narraciones transcurren a la vez y lo que hace el tríptico es encerrarnos en la historia, meternos en la jaula.
El monstruo tirado y reventado en la cama es un ser humano, como un monstruo de feria expuesto a la ignorancia y la maldad de los miserables, de esos mismos hombres que crucificaron a Cristo (y compraron todos sus cuadros, hasta su vómito compraron), su cara recuerda, no a ningun personaje del Guernica, sino a una de "Las señoritas de Avignon", a la que tenía puesta la máscara negra, de alguien que venía del "corazón de las tinieblas", donde el hombre es hombre, porque no tiene que reprimirse y su primigenia alma de fiera es libre.
Bacon no es expresionista, eso dice la gentuza que compra sus cuadros, Bacon es absolutamente realista, su ídolo es Velazquez (por eso viajaba todos los años al Museo del Prado, donde murió) y todo lo que pinta es la puta realidad, ese sitio en el que vivimos y morimos, el lo dota del rojo para asemejar iconograficamente a ese infierno medieval del fin del mundo,está claro que el fin del mundo es esto, esa cama en soledad, o tal vez en compañía, esa cama donde vivimos como morimos, solos, sin destino, sólo descomposición.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ne me quitte pas


No me dejes
Es necesario olvidar
Todo se puede olvidar
Quien se escapa ya
Olvidar el tiempo
De los malentendidos
Y el tiempo perdido
A saber cómo
Olvidar estas horas
Quiénes mataban a veces
A golpes de porqué
El corazón de la felicidad
No me dejes
No me dejes
No me dejes
No me dejes

Yo te ofreceré
Perlas de lluvia
Llegadas del país
Donde no llueve
Yo cavaré la tierra
Hasta después de mi muerte
Para cubrir tu cuerpo
De oro y de luz
Haré un ámbito
Donde el amor será rey
Donde el amor será ley
Donde serás reina
No me dejes
No me dejes
No me dejes
No me dejes

No me dejes
Yo te inventaré
Unas palabras absurdas
Que te incluirá
Yo te hablaré
De esos amantes
Quien vio dos veces
Sus corazones abrazarse
Yo te diré
La historia de este rey
Muerto de no haber
Podido encontrarte
No me dejes
No me dejes
No me dejes
No me dejes

A menudo vimos
Reflejarse el fuego
De un antiguo volcán
Que se creía demasiado viejo
Es, parece
de las tierras quemadas
Dando más trigo
Que mejor abril
Y cuando viene la noche
Para que un cielo brille
El rojo y el negro
No se casan
No me dejes
No me dejes
No me dejes
No me dejes

No me dejes
No voy a llorar más
No voy a hablar más
Me esconderé allí
Al mirarte
Bailar y sonreír
Y a escucharte
Cantar y luego reir
Déjame hacerte
La sombra de tu sombra
La sombra de tu mano
La sombra de tu perro
No me dejes
No me dejes
No me dejes
No me dejes

lunes, 20 de septiembre de 2010

Modigliani


Maldito. Necesitabas tiempo, pero tú no lo tenías, todo era deprisa, todo lo que tocabas lo destruías, sabías que no había vida, que la vida era lo que tú hacías, destruirte, emborracharte hasta la extenuación, naufragar entre botellas para amanecer en un cubo de basura. La vida, sí, eso era lo que tu opinabas de la vida; no te valía con ser el mas guapo, ni el que mejor pintabas, ni el que recitaba de carrerilla los versos del Infierno. No te bastaba con el hachís y la coca, siempre faltaba algo. Esa maldita rabia que llevabas dentro, ese afán devorador. Era increíble como podías crear desde la desesperación, los días no tenían fin, resacas sacadas a botellazos con borracheras aún más grandes. Tus amigos pintores te llamaban Modí, de maldito, eras un maldito. ¿Qué eras? La encarnación del pintor romántico que prueba todos los excesos, el pintor borracho que suplica una propina por un dibujo entre las mesas para tomar otra copa. ¿Qué eras? El fin de todas las cosas. Aquellos cuadros, aquellos desnudos que tuvieron que quitar de la galería por el escándalo que se organizó por indecencia, eran bellísimos, como aquellas mujeres que se entregaban a ti. De día, sobrio, eras tímido y tierno, te adoraban, de noche te volvías furioso, deprimido y violento, acababas con todo, nada era bastante, la noche era una aventura, la representación de una vida que no vivías y querías poseer, creías que estaba en el fondo de las botellas, en el fondo de las almas de los que te amaban. Querías esculpir y la tuberculosis no te dejó, fumabas mientras pintabas, arrancabas el alma de las modelos en cada cuadro como si fuesen totems llenos de poderosa magia. ¿Qué hiciste con la vida? ¿Qué te hizo la vida? ¿Tan solo fue el alcohol? Seguro que tus dedos no pintaban solos, que los pinceles no estaban dirigidos por el ajenjo; tu talento, tu belleza, estaban dentro de ti, no estaban fuera, vestías con harapos pero todos sabían que eras un príncipe. Pedías trescientos francos por uno de aquellos desnudos, cuatro años después, al año de tu muerte, valían 350.000 francos, este verano del 2010 se subastó uno de ellos por 43 millones de euros.
Treinta y seis años, no necesitaste más.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Jeanne Hébuterne


Loca de amor, loca, tengo veintiún años y una hija con el hombre que amo y ha destruido mi vida, estoy embarazada de ocho meses. Lo abrazo, lo veo morir, me ahogo con cada borbotón de sangre que sale de su garganta, me quiere pintar pero ya no puede, intento pintarle yo a el, le beso, muere.
No hay nada, ya no hay nada. Sus amigos le llevan al cementerio, es el entierro del Príncipe de Montparnasse; a mí me encierran en casa de mis padres, intento cortarme las venas con un cuchillo, no puedo, pero al día siguiente me escapo y me tiro por la ventana de mi habitación, unos obreros me suben a casa y mis padres me rechazan, quedo tirada en el suelo bajo la lluvia, dos amigos de Modí me guardan para que no me coman las ratas. Hoy he muerto, él quería pintarme en el cielo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Aquella mujer


















Aquella mujer lo había apostado todo al rojo y había salido el 22 negro, ahora ya no le quedaba nada. Su apuesta decían que había sido temeraria, pero ella no sabía jugar de otra manera, ahora se había quedado con el culo al aire y no tenía a quien acudir. Pensó que tal vez sería perdonada por aquellos a los que había hecho tanto daño, pero sólo encontró su desprecio.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Lake Charles


Había algo que le impulsaba a volver al Lago Charles
Solía hablar de ello
No hablaba de otra cosa
Siempre dijo que para él Louisiana
era su hogar
Había nacido en Nacogdoches
Que está al occidente de Tejas
No muy lejos de la frontera
Pero le gustaba decir a todo el mundo
que era del Lago Charles

A caso un ángel te susurró al oído,
Te estrechó en sus brazos y apartó de ti el temor?

En aquellos instantes ya perdidos
solíamos conducir
cruzando Lafayette y Baton Rouge
en una camioneta amarilla
Escuchando a Howling Wolf
Le gustaba pararse en Lake Charles
Era el lugar que amaba

Alguna vez has llegado al final
De la carretera de Lousiana
Pasando el Lago Ponchatrain
Ahora tu alma está en el Lago Charles
Digan lo que digan

A caso un ángel te susurró al oído,
Te estrechó en sus brazos y apartó de ti el temor?
En aquellos instantes ya perdidos

Lucinda Williams
Traducción Carlos F. Pando

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Suicidas

foto Florence Vaisberg










3.263 personas se suicidaron en España en el año 2007, la cifra supera a la de los muertos por accidentes de tráfico, los datos son oficiales, del Instituto Nacional de Estadística, pero no creo que a nadie le importe. La tasa de suicidio por cada 100.000 habitantes fue de 11 para los hombres y de 3,5 para las mujeres; aunque las tentativas de quitarse la vida son mayores entre las mujeres, los hombres finalizan mejor.
La doctora Pilar Saiz, del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo intenta explicar hacia donde se dirigen las investigaciones: “Hasta la fecha, los hallazgos más sólidos provienen de la presencia de niveles bajos del ácido 5-hidroxiindolacético, el principal metabolito de la serotonina, en el líquido cefalorraquídeo". “Estas enfermedades tienen un claro componente genético, pero la susceptibilidad para el comportamiento viene dada por el efecto combinado de muchos genes (genes de efecto menor) y de diversos factores ambientales que actúan conjuntamente”. Hay varios agentes que acentúan el riesgo: “Padecer un trastorno mental, la presencia de ideación suicida, las verbalizaciones suicidas y la planificación del acto, los antecedentes personales de tentativa suicida, el aislamiento social, sentimientos de desesperanza, factores sociodemográficos –entre los que se incluyen el sexo masculino y una edad por encima de los 55 años-, los antecedentes familiares de suicidio consumado y la presencia de factores estresantes agudos o crónicos”. “El riesgo varía en función del trastorno mental padecido, de modo que los trastornos que se acompañan de un mayor riesgo son los trastornos afectivos, la dependencia del alcohol y/o drogas y la psicosis no afectiva”.
Y bien, ¿qué quiere decir todo esto?, pues quiere decir que hay gente que sufre, que soporta un dolor hasta el límite de lo imaginable, y que cuando ya no lo pueden soportar más y no encuentran ninguna solución, ninguna salida, ninguna esperanza a su problema, irresoluble, se dejan morir. La desesperación es una mala compañera de cama y la bilis negra se esparce ocupando todos los rincones de la vida, cuando ya no queda ningun espacio para la esperanza, la vida deja de tener sentido y el suicida actúa:
"Asisto con asombro a mi derrumbe, contemplo atónito como la enfermedad invade mi cuerpo y mi cerebro, como cada día es una batalla perdida, y cada noche una pesadilla infinita. Reniego de haber nacido y de haber existido en cada instante de mi vida. Pienso en las inmensas llanuras ocupadas por el mar, bajo las que me crié pensando en ranas y rabos de lagartija..." Así comienza la nota recogida del bolso de un suicida después de haberse tirado por la ventana.


foto Francesca Woodman

lunes, 13 de septiembre de 2010

Francesca Woodman














Francesca Woodman (1958-1981)
"La fotografía es también una manera de conectar con la vida. Hago fotos de la realidad filtradas a través de mi mente."
"Esta noche no estoy contenta. Pienso y hablo a menudo de mi detestable tendencia al romanticismo. Creo que el esfuerzo de deshacerme de esta actitud en mi trabajo ha tenido un extraño efecto en mi vida..."
"Mi vida en este punto es como un poso muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones... en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas..."
¿Que pasó?, tenia 23 años y me tiré por la ventana.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Confesión

















Confesión (Prefacio para una obra no publicada)
KRK Ediciones, Pensamiento, 2008.
Traducción e introducción de Iván García Sala.
Epílogo de Luis M. Valdes Villanueva.
Tolstói escribe Confesión entre 1879-1882 que junto con Crítica de la teología dogmática y Concordia y traducción de los cuatro evangelios forman un solo tratado sobre la religión, el cristianismo y el sentido de la vida.
El año 1878 marca el fin de un periodo en la vida de Tolstói, lleno de éxitos literarios, felicidad familiar y prosperidad económica, que le hacen creer en el progreso humano, el siguiente periodo de su vida estará dedicado a la búsqueda espiritual y religiosa y el desprecio de la actividad literaria. La crisis religiosa que sufrió hacia 1875 le llevó a buscar refugio en el seno de la Iglesia, pero asqueado la abandono en busca del verdadero mensaje de Cristo.
"Hoy como entonces, la profesión y la práctica pública de la ortodoxia se dan, mayoritariamente, entre gentes necias, crueles e inmorales que se consideran muy importantes. Por el contrario, la inteligencia, la honradez, la sinceridad, la bondad y la moral se hallan, mayoritariamente, en personas que se consideran no creyentes."
Levin, el personaje de Ana Karenina, escrito en la misma época refleja los ideales del escritor y los cambios sufridos en este periodo pero es Confesión la obra que refleja sus nuevas ideas.
La obra tenía que publicarse en 1882 pero la censura eclesiástica prohibió la obra. Los editores intentaron que Tolstói retirara los pasajes censurados de la obra pero el autor se negó y no fue editada en Rusia hasta el año 1906.
El padre Sergio, alter ego de Tolstói en la novela homónima dice: "Soy un pecador, un sucio, repugnante, empedernido y orgulloso pecador, no sé si el peor de todos, pero si el pero si el peor de todos los peores hombres. Soy un libertino, un homicida, un blasfemo y un impostor."
Algo parecido dice el escritor de si mismo en Confesión. Es la confesión de un pecador antes del bautismo iniciático en la nueva fe que propugna Tolstói como predicador de su propia religión.
En muchos pasajes de Confesión el discurso de Tolstói, considerado habitualmente un escritor homérico, luminoso y diurno, adquiere tintes desesperados, claustrofóbicos y autocomplacientes, de un personaje salido del subsuelo dostoievskiano.
"Mi vida se había detenido. Podía respirar, comer, beber, dormir, porque no podía respirar, no comer, no beber, no dormir; pero no tenía vida, porque no existía ningún deseo cuya satisfacción me pareciera razonable. Si deseaba algo, sabía de antemano que, lo satisficiera o no, no resultaría nada de ello."
Decía George Steiner: "Tanto Tolstói como Dostoievski, eran creyentes fanáticos en los poderes de la mente, en la capacidad de la razón para arrojar una luz clara y estable sobre lo que Cristo había dejado en la penumbra de la alegoría."
Al igual que Rousseau, Tostói pensaba que la inocencia original del hombre había sido arruinada por la educación, decía que las élites rusas con sus "teorizaciones fanáticas" y "falsas analogías semicientíficas" impedían el acceso a la verdad.
"La ignorancia tiene este modo de actuar y de hablar: cuando no se sabe algo, se tacha de estúpido."

Confesión tiene como leitmotiv una pregunta, la pregunta acerca del "sentido de la vida". Isaiah Berlin, en su libro Pensadores Rusos (1979) opina que esto le valió una injusta reputación de nihilista, y lo coloca entre los miembros de "la muy subversiva compañía de cuestionadores —entre los que se encuentran Maquiavelo, Pascal, Rousseau o el autor de El libro de Job— a los que no se les ha podido dar respuesta, ni parece probable darsela."
La vida por cuyo sentido pregunta es, desde luego, la vida real, la vida que transcurre en el ámbito espacio-temporal y causal. En este plano, no había duda para el de que la vida termina siempre en muerte y destrucción y que, por tanto, carece de sentido.
Puede entenderse que lo que Tolstói llega a reconocer es que la inclinación a responder a la pregunta acerca del sentido de la vida desaparece cuando uno capta que la propia pregunta es superflua. Es el descubrimiento de la forma de vivir de los campesinos la que hace reconocer que el sentido de la vida no es algo enunciable en proposiciones, sino algo vivido.
Coincide Tolstói con Wittgenstein en el diagnóstico de que la solución al problema de la vida consiste en la "desaparición de la pregunta sobre su sentido. Tal pregunta "significa para Tolstói lucha e intranquilidad constantes"
"Mientras buscaba respuestas a la pregunta acerca de la vida, experimentaba exactamente el mismo sentimiento que tiene una persona perdida en el bosque."

El climax filosófico de Confesión ocurre cuando Tolstói llega a aceptar que puede contemplar el problema de la vida desde un punto de vista "externo", desde una posición en la que es concebible que pueda interrogar a las ciencias o a la filosofía sobre el sentido de la vida y obtener una respuesta aceptable. Naturalmente, las respuestas pertinentes afirman de modo unánime que la vida carece de significado, pero esto sólo resulta de que la filosofía tambien separa significado y vida sin reparar en que es precisamente la vida —"el actuar", como dice Wittgenstein— lo que sustenta el significado.
Lo que Tolstói descubre es que no es cierto que "la esencia de la vida nos esté oculta", la vida es lo que es autoevidente, pero, precisamente por ello, tenemos tendencia a enredarnos en la busqueda de su sentido fuera de ella, como si se tratara de encontrar algo, adicional a la vida, que se lo confiera.
Tolstói pensó durante algún tiempo que estaba ciego para la vida, que "vivía pero que no había vida en el". Sin embargo, su trabajo filosófico le persuadió de que la vida se ve precisamente cuando uno intenta salir de la trama de la vida y enfrentarse a ella con preguntas que tratan de averiguar su sentido; y de que la solución "es una forma de vivir que lleve a la desaparición de lo problemático".

"Si hubiese comprendido simplemente que la vida no tiene sentido, me lo habría tomado con serenidad, habría entendido que esa era mi suerte. Pero no me apaciguaba. Si yo fuese un hombre que vive en el bosque sabiendo que no hay salida, habría podido vivir; pero yo era un hombre perdido en el bosque que había descubierto el horror de extraviarse, y corría deseando encontrar el camino, sabiendo que cualquier paso que diera lo desorientaría más, pero no podía dejar de correr.
Eso era lo que me aterrorizaba y para desembarazarme de ello, ansiaba matarme. Experimentaba terror ante lo que me aguardaba sabía que ese espanto era más terrible que la propia situación, pero no podía ahuyentarlo ni esperar el fin pacientemente. Por convincente que fuera el argumento de que tarde o temprano reventaría una vena en el corazón o algo estallaría y todo se habría acabado, no podía esperar pacientemente el final. El terror a la oscuridad era demasiado fuerte y quería librarme de él cuanto antes, con una soga o con un balazo. Este sentimiento fue, por encima de todo, lo que con más fuerza me arrastró al suicidio."












"Tolstói, el gran egoísta según los pequeños egoístas  el pródigo de su yo, nos lo ha dejado, nos ha dejado su yo, que es nuestro yo, es de cada uno de los que leemos sus obras, sus actos, y enriquece nuestro yo."
Miguel de Unamuno

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Porqué escribo



Dice Vargas Llosa que la vocación es el punto de partida indispensable para llegar a ser un escritor, que es un asunto misterioso cercado de incertidumbre y subjetividad. Dice que ello no es obstáculo para tratar de explicarlo de una manera racional, evitando la mitología vanidosa, tejida de religiosidad y de soberbia, con que la rodeaban los románticos, haciendo del escritor el elegido de los dioses, un ser señalado por una fuerza sobrehumana, trascendente, para escribir aquellas palabras divinas a cuyo efluvio el espíritu humano se sublimaría a sí mismo, y, gracias a esa contaminación con la Belleza (con mayúscula, por supuesto), alcanzaría la inmortalidad.
Por eso escribo, por todo eso, por esa mitología vanidosa, tejida de religiosidad y de soberbia, con que la rodeaban los románticos, para sublimarme a mi mismo y para alcanzar la inmortalidad.

martes, 7 de septiembre de 2010

Un extraño en mi casa














El amor, extraño en mi casa, recorre las habitaciones, levanta el polvo y agita las páginas de los libros viejos -cansados de estar cerrados- entre fotos de estatuas y cuadros, su melodía discurre por mi corazón, como si fuese la risa de los niños o la brisa del mar que hace picar mis ojos por la sal y la emoción de ver el infinito. Un tiempo extraño, de ilusiones y besos entre apócopes de lágrimas y suspiros, y el ataque de los violines, como si Mahler hubiese resucitado. El amor, ah... el amor. Entre los peores momentos, entre la desesperación, entre el instante previo a la muerte, entre las flores rotas tiradas por el suelo, entre los desgarrados silencios de una soledad sin fin... el amor. Ese instante en que suena tu voz y el mal escapa; son los días de la dicha, los buenos días, cuando se pueden construir catedrales sólo con soñarlas, cuando se puede hacer el amor sólo con desearlo, cuando se te puede querer sólo con quererte... Si te tuviese aquí  entre mis brazos, te rezaría, rezaría cada noche a tu coño para que no se cerrase nunca, para que siempre me amase, como la primera vez, cuando me comió el sentido en una noche de flash, como la última cuando me estrujó el sexo hasta dejarlo exangüe. Si tu me amases yo volaría, si tu me quisieses saltaría sobre el mar como un saltamontes en la hierba detrás del sol. Vivir, sentirte, estremecerme debajo de ti  es todo lo que quiero, sólo a ti  una estrella que se mueve deprisa entre las sombras, un recuerdo de algo que nunca tuve, un deseo... tu vida.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El perro





















El perro salió de la noche, corría en pos de algo, apenas ladró, cuando entendió que aquella sombra tenía algo de él. No era un buen momento llevaba lloviendo tanto tiempo que no recordaba el sol, tampoco recordaba nada bueno, pero... ¡que diablos! aquella sombra se movía como si fuese una estrella, tenía que darse prisa, no podía dejarla escapar. Así que salto de la acera dispuesto a seguirla, cuando un coche dobló la esquina y le pasó por encima.