sábado, 29 de diciembre de 2012

Letra y puñal





























Letra y puñal es el nombre más hermoso que me he encontrado en mucho tiempo y además me lo encontré en una noche de amigos y oscuridad, entre música y versos. Fue un flechazo, mi admiración se mezcló con deseo y los busqué por los bares. A veces estaban, pero ya estábamos borrachos. Con el tiempo me fui olvidando, y aunque tenía el alma llena de puñales, dejé de pensar en ello. Las letras iban levantando catedrales, montañas de nada. Algunas noches me encontraba a Santi o a Lucía, pero ya no recordaba que les había escrito. Hoy, en un garito, he visto el fanzine, las páginas en las que yo quería estar con los valientes. Le di dos euros al chigrero y pasando las hojas, mientras bebía, tropecé con mis versos como si fuesen el ala de una mosca azul.
































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domingo, 23 de diciembre de 2012

Nuria y Héctor. En el chino












HÉCTOR (pensando al entrar en el restaurante):
Querías cenar pronto. ¿Quién va a cenar a las nueve de la noche? Por eso está vacío. Ahora no nos queda otra que hablar. Cuéntame algo, ¿cómo van las cosas?
Yo sólo quería cenar esta noche contigo para estar a tu lado y no tener que hablar nada de esas cosas, de hablar sólo de nosotros y de decirnos lo que pensamos y lo que sentimos cuando estamos juntos y cuando no estamos y nos echamos de menos, y que cosas podemos hacer para vivir juntos o si merecerá la pena o si sólo será una utopía. Tienes que decirme cuánto me quieres y todas esas cosas.

Esto no es un culebrón, es verdad, sé que suena apocalíptico pero te aseguro que no lo es. Se trata de impaciencia.

NURIA: Los restaurantes chinos certifican la soledad de las parejas. Arrinconadas, como nosotros,  mirándose a través de las cortinas color crema: decorado inhóspito.

H: Pues a mi me gustan todos esos dragones dorados y los peces de colores y esa música tan sexy, me transporta a la China mandarina.

N: Todo en ellos incita al aburrimiento, a la incomunicación, ¿no ves que nos lo ponen en bandeja?, ¿qué es lo que tienen los chinos?

H: Pues podíamos haber ido a una sidrería, ahí si que hay ruido y comunicación y humanidad para dar y tomar.

N: ¿Por qué siguen atrayendo a la gente?, no lo entiendo, están acabados. Encima luego te duele el estómago.

H: La verdad es que antes íbamos mucho más a los chinos, era lo único distinto que había, además de los cines. Ahora ya están muy vistos y su comida se repite tanto como las lentejas de mi madre. Preferimos cosas más exóticas como los indios o los mejicanos.

N: Venimos porque son baratos o porque están las veinticuatro horas abiertos y no son más que las nueve de la noche y en este país es imposible cenar antes de las diez.

H: Venimos porque aun tienes la esperanza de lo inusual, de la aventura, como cuando encendemos la televisión esperando una película genial aunque sabemos de sobra que no habrá nada que ver.

N: Ah… ya, como esas parejas primerizas que se casan, sobre todo, porque tiene ganas de ir a un resort de República Dominicana a que les pongan una pulsera en la muñeca.

H: Bueno, o como los cruceros de vacaciones en el mar, donde van los de cuarenta a disfrazarse de Roger Moore y Raquel Welch, para bajar a cenar con el capitán y una copita de champán.

N: ¿Entonces por qué tenías tanta prisa?, ¿qué querías decirme que era tan urgente?

H: No era nada, sólo era que te echaba de menos como un tonto, era la primera vez que nos separábamos más de una semana.

N: Y querías decírmelo en este marco incomparable.

H: No te quejes que sé que te gustan los rollitos de primavera y el arroz tres delicias y, sobre todo las gambas. Sólo era una excusa para que hablásemos de nosotros, tranquilos, sin las prisas del horario.

N: Así que se trata del futuro, de nuestro futuro juntos, de la posibilidad de vivir juntos.

H: Vaya, podías esperar a los postres, se ve que no leíste las normas del buen comensal.

N: Ya sabes que no me gustan los rodeos, especialmente cuando sé que hay una conversación pendiente.

H: Pero también sabes que me pongo nervioso y me siento acosado cuando me encaras así.

N: Lo hago en broma porque sé que para ti es peor que el examen de conducir.

H: No, no pasa nada malo, es algo bueno, estamos juntos y seguimos, ¿no?

N: Relájate, podemos empezar sacando estadísticas y datos sociológicos. Índice de probabilidades de seguir juntos en cuatro años y cosas así.

H: Yo me pido las de Franco, que siempre salía que sí, que sí a todo.

N: Podemos empezar con la afinidad, porque, vamos a ver, ¿de qué signo del zodiaco eres? quiero saber si nuestros karmas son compatibles, sino mal asunto.

H: Yo soy tigre, pero tú tienes pinta de ser del año del mono loco o de la grulla asilvestrada.

N: Y qué me dices del feng shui, ¿porqué no pensarás colocar la cama mirando al sur, verdad? Eso da mala suerte.

H: Lo que pienso poner al sur es a ti, después de diez días sin vernos.

N: Lo que importa a esta altura de la vida es si tenemos cosas en común, cuantas más tengamos mejor. Eso suma, no resta.

H: A mi me gustan los canarios.

N: Ya me lo habías dicho, no me importa, ves, soy tolerante, pero me niego a limpiar la jaula. Hablo de otras cosas en común.

H: No te preocupes, ahora los hay mecánicos. Me gusta oír la radio por toda la casa y no soporto ver la televisión.

N: Eso ya lo sabía. Hablo de futuro, ¿se trata de nuestro futuro juntos, no? ¿He dado en el clavo después de tanto misterio?

H: La cantonesa ya nos mira mal. ¿No crees que debemos leer la carta  y pedir el menú?

N: En estos restaurantes siempre pido lo mismo, no me gusta investigar precisamente aquí.

H: O sea que rollitos de primavera, arroz tres delicias y gambas con salsa agridulce, ¿o las prefieres con setas chinas y bambú?

N: Mejor con setas y bambú. Espero que no te guste este tipo de decoración kitsch porque si no, no tenemos afinidad, eso es básico.

H: Lo que tu quieras, pero me encantan los dragones, ¿no te acuerdas de mi camisa de dragones?  Hay cosas que tienen que ser como tienen que ser, y los chinos, chinos.

N: Vamos de lo general a lo particular, bien. Después de la decoración va la moda ¿te gusta como visto?

H: ¿Quién, tú?

N: Yo, sí.

H: Me encanta, el milagro de que seas incapaz de conjuntar nada.

N: Odio los conjuntos y los colores complementarios, lo sabes. Si no te va no hay nada más que hacer; somos caso perdido.

H: No, si me fascina, sobre todo cuando pones la blusa morada con la falda roja, sólo te faltan las coletas y el caballo a pintas.

N: Vives metido en un corsé.

H: Eso si que me gusta, los corsés, pero ya veo que es una batalla perdida, tendré que limitarme a los conjuntos de algodón women secret.

N: ¿Te gustan las mujeres anuncio? entonces tampoco vamos muy lejos.

H: No, lo que me gustan son los anuncios con mujeres, sobre todo los de helados.

N: Las exigencias siempre a nosotras y mira cómo vas tú de ropa interior.

H: ¿Qué les pasa a mis calzoncillos de lunares? ¿Qué, acaso no estoy bien?

N: Son demasiado simples, ¿no quieres algo más novedoso?

H: Tengo unos de raso con sirenas.

N: Bueno, entonces dime la verdad. ¿Podemos plantearnos algo en común?, ¿lo dejamos como está, o lo dejamos para los fines de semana que estamos más descansados?

H: Pensé que esa fase ya estaba superada, que ahora íbamos a otro estadio, casi como brahmanes, que ya no éramos intocables.

N: Es justo lo que estoy planteando, déjate ya de chistes con acertijo.

H: Y bien ¿en tu casa o en la mía?

N: Es que tu casa está muy lejos.

H: Eso depende de donde te coloques.

N: Además es húmeda ¿y si luego me da cistitis?

H: No te preocupes, conozco una solución mágica.

N: Veo que no hay acuerdo, pues como en el póquer, arrastro.

H: ¿Arrastras en qué, en picas o en bastos, o en corazones rojos?

N: No te veo muy animado con el cambio, no muestras interés.

H: Es que para bajar al mercado hace falta un fajo de billetes con una goma y yo me los olvide en el taquillón.

N: Podemos aplazar la propuesta y mientras pensar si merece la pena o si estamos mejor como ahora.

H: Lo que pasa es que yo no se muy bien como estamos ahora, hoy aquí y mañana allí, como a salto de mata, como dice Rohmer en Cuento de invierno: hombre con dos casas, difícil de guardar.

N: Es lo normal, vivimos en el siglo XXI no el XV, trasiego constante, qué quieres… calma absoluta.

H: A mi no me lo tienes que contar, que mi abuela era vaqueira de alzada desde el neolítico.

N. Pues eso, no te vayas a apoltronar ahora, eso sí que no por favor, no lo aguantaría.

H: Bien, no sé qué me quieres decir con eso. Todo es más sencillo, sólo tienes que decirme si quieres que vivamos juntos o no, el resto son casualidades.

N: Casualidades con las que hay que contar. Si de mano no estás dispuesto, no hay nada que hacer.

H: Mi abuela era vaqueira pero la tuya me parece que era gallega, no puedes decirme si o no y callar un poquitín y comer algo.

N. Yo digo que sí, pero me gustaría que fuera en mi casa, por las vistas.

H: ¿A las vistillas te refieres?

N: No, al exterior, hablo de árboles y pájaros y perros que te hacen la vida una poco más llevadera, no me olvido de los canarios, tranquilo, hay gorriones a tutiplén.

H: Pero si en el portal de mi casa hay una pajarería, ¿no te gustaría peinar a los perros?

N: Ya es tarde, están recogiendo. Tenemos que irnos.

Y se fueron, se fueron lejos, no se sabe a donde.


Imagen Natalia Pastor
Texto Roxana Popelka y X-C

lunes, 17 de diciembre de 2012

domingo, 16 de diciembre de 2012

Felechos y Cotolles 3


En estos tiempos de aflicción, donde los amos del dinero (los ladrones) nos han dicho que toca joderse, hay gente como Javi, él de Carreteres Secundaries, como Ana y como Graciela, y como todos los que han colaborado para que Felechos y Cotolles 3 saliese adelante, que piensa que debemos seguir, que a pesar de sufrir sus patadas no podemos callarnos, Por eso esta revista debe ser un camino a seguir, un ejemplo contra la no acción, un rebelarse a su desprecio por todo lo que sea cultura y no sea dinero, su dinero (el que nos están quitando).







miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nuria y Héctor. Hazañas Bélicas













HÉCTOR: ¿Cómo llevas la semana, estarás como nunca sin mi?

NURIA: Yo puedo decir lo mismo.

H: ¿No echabas de menos la soledad? ¿O era la intimidad?

N: Era la individualidad. Es bueno estar sola de vez en cuando, así puedo comer lo que quiero a cualquier hora.

H: Debo de ser muy antiguo porque todavía no me acostumbro a hablar por teléfono.

N: Ya, prefieres hablar por whatsApp, yo a eso sí que no me acostumbro: fragmentos y más fragmentos de conversaciones entrecortadas.

H: Lo aprendí en las películas de indios y vaqueros con las señales de humo.

N: Además aprovecho para ver el lote de películas atrasadas.

H: Y para ver pelis porno, anda dime la verdad. Esas que dices que son de autora, tan modernas.

N: Es que detesto los guiones clónicos de las porno convencionales.

H: ¿Así que ves porno cuando no estoy.

N: ¿Te parece mal?

H: ¿Por qué no esperas a verlas conmigo?

N: Es lo que haces tú cuando yo no estoy.

H: ¿Qué dices?

N: Sí, me lo dijiste hace tiempo. No me importa. A mi también me gusta lo mismo que a ti.

H: ¿Te gusta el qué?
 
N: Ver porno,¿o crees que sólo es cosa de tíos?

H: Creo que quieres decir otra cosa.

N: No, quiero decir lo que estoy diciendo, no me líes.

H: ¿Qué tal ayer con Laura?

N: Bien, salimos por ahí.

H: Si, eso ya lo sé. ¿Por dónde?, ¿qué hicisteis?

N: Nada, tomamos una cerveza en La Mala y luego picamos algo en el mexicano.

H: ¿Y qué te contó, está más tranquila?

N: Va a adoptar un niño.

H: ¿Así que era eso?

N: ¿El qué?

H: Todo ese rollo, era por esto; porque tu amiga va a adoptar un niño. ¿Pero si no es capaz de tener una pareja como va a tener un niño? Cómo puede ser tan caprichosa.

N: Y para esto me llamas, parece que no tienes un buen día.

H: Todo está bien, no me noto nada.

N: Pues hay que ver como estás hoy, ¿Qué te pasó, noticias del pasado?

H: No sé qué haces ahí, ¿Por qué no viniste conmigo?

N: Salió así, no importa.

H: No hacía falta que vinieses a la comida familiar. Yo te juro que no pienso ir a la tuya.

N: Otra vez la familia. Tenía  cosas que hacer, necesitaba estar sola.

H: ¿No estuviste sola bastante tiempo?

N: Tenía que pensar qué hacer.

H: ¡Mierda! No me digas que tenemos que hablar.

N: No, es que no me viene la regla.

H: Entonces prefiero hablar. ¿No me dijiste que era imposible? Si acabas de ir a la ginecóloga y el DIU está a tope.

N: Esto es otra cosa.

H: ¿Qué cosa? no me asustes.

N: Quiero tener un hijo.

(SILENCIO)

N: ¿Estás ahí?

H: Me dijiste que no querías nada de niños.

N: No estoy segura, se me acaba el tiempo.

H: De qué tiempo hablas.

N: Del biológico; ahora o nunca.

H: Me parece perfecto, pero eso no es lo que habíamos hablado. Ahora no puedes venirme con esas.

N: ¡Vaya día, eh!

H: ¡Nuria, ya está bien, lo teníamos claro!

N: Lo he pensado mejor. Es la última oportunidad, ¿no te das cuenta?

H: Hace más de treinta años que sabes la edad que tienes.

N: No, hombre… sólo era una prueba. Quería saber si tu rollo anti baby era una pose y sólo esperabas a casarte conmigo para dejarme embarazada.

H: ¡Serás burra! y encima tenías que hacer esta broma por teléfono.

N: Para conocerte mejor.

H: Como el lobo a Caperucita. ¿Y esta bobada, por qué es? ¿Saliste con alguna de esas amigas tuyas?

N: ¿Qué les pasa a mis amigas?

H: Vale, vamos a dejarlo.

N: ¿Por qué estuviste todo el día sin llamarme, no ves que podía estar preocupada?

H: Ahora resulta que la chica dura estaba preocupada.

N: Habíamos quedado en que llamarías, sólo es eso.

H: No soporto tener que adivinar lo que piensas ¿Dónde os enseñaron eso?

N: ¿Pero qué comiste hoy? Estás inaguantable.

H: No sé, ya son muchos días, estoy colgado.

N: Jolín, afloja un poco. No somos críos, esto tiene que ser otra cosa.

H: Suma cero, ya…

N: No sigas.

H: Eres algo muy importante, no estoy jugando.

N: Lo sé, pero a veces tengo miedo, no quiero volver a vivir cosas que pasaron.

H: A qué te refieres.

N: Olvídalo todo.

H: No es tan fácil.

N: Mañana ya estaremos juntos.

H: Es mejor que no vengas en coche ¿Por qué no vienes en tren? Te recojo en la estación, dejas las cosas en casa y nos vamos a cenar por ahí.

N: No tengo ni idea a qué hora acabaré en la clínica, además ya no debe de haber billetes.

H: Seguro que todavía hay, siempre ponen más trenes por el puente. Puedes venir leyendo o dormitando una película, si tienes suerte puede ser una de Walt Disney con un árbol gigante de navidad y renos volando por encima de los adosados.

N: Lo pienso.

H: De acuerdo, intenta dormir esta noche y mañana hacemos eso, conozco un restaurante chino que está muy bien. Seguro que nos reímos con los mensajes de los rollitos de primavera.

N: Bueno, ya sabes lo que pasa en estas fechas.

H: Sí, no hace falta que lo repitamos.

N: Tengo ganas de dormir y nada más, ayer no pegué ojo, te extraño.

H: Qué rápido nos acostumbramos a lo bueno, ya no recuerdo cuando no estabas.

N: Por eso tengo miedo, cuanto más valoras una cosa más miedo tienes a perderla.

H: Parecemos dos viejos. Vamos a colgar el teléfono y a meternos en la cama. Piensa que estamos juntos.

N: ¿Te acuerdas de aquella canción?

H: ¿Qué canción?

N: (Cantando)
Cuentos de hadas pasan por tu cabeza
mi amor es una guerra, ve con él
aunque estás lejos volvería a pensar en ti
comprobarás la vida no es un sueño, no lo es…




Imagen Natalia Pastor
Texto Roxana Popelka y X-C


domingo, 9 de diciembre de 2012

Nuria y Héctor en AJIMEZ ARTE



















Javier Ávila
Nuria y Héctor

Acometer un proyecto coral como el presentado en lloviendopiedras.com bajo el título de “Nuria y Héctor” requiere de una compenetración y unos modos en las tomas de decisión absolutamente abiertos, sin determinación de principio ni fin.

Un proyecto a seis manos es bastante inusual, sin tratarse de un cadáver exquisito, existe una correlación de objetivos y una predisposición de todas las partes a generar un relato personal y a la vez común, retrato de una realidad, la de todos.

A modo de conversación, casi como si de género epistolar se tratase, Héctor y Nuria van intercambiando pensamientos, opiniones, intuiciones, miradas sobre su mundo y, por extensión, sobre una actualidad propia y ajena. Reflexiones acerca de lo que les preocupa e inquieta, a ellos y a todos, lo que soñamos y esperamos, deseamos y tememos. Miedos expuestos sin tapujos, un modo de terapia, también de relación imposible.

Juan Carlos Suárez y Roxana Popelka proponen una suerte de acertijo en el que no queda claro quién es quién, a quien pertenecen las palabras, quién las lanza y quién las contesta. Provenientes de disciplinas diferentes, aunque próximas en sus intereses, Juan Carlos desde la Historia del Arte y la Crítica, Roxana desde la poesía experimental, generan una conjunción en sus modos de hacer que nos regalan momentos deliciosos, muestra de las posibilidades que su conversación brinda.

Natalia Pastor aporta las manos restantes en esta composición. En una prolongación de las obras que ha venido desarrollando en sus últimas series, donde realidad y dibujo se confunden entre forma y fondo, pone en escena imágenes a modo de autorretratos, aunque en muchos de ellos no existe esa intención de mostrarse a sí misma, más bien hace uso de esa imagen propia para retratar un mundo colectivo en un entorno no siempre amable. Sus ilustraciones completan el mosaico de esta pareja de tres en la que podemos identificarnos cualquiera de nosotros, y cuyas palabras podemos disfrutar desde www.lloviendopiedras.com.




domingo, 2 de diciembre de 2012

Nuria y Héctor. Desayuno con diamantes














Nos asomamos al centro de gestión del tráfico de la DGT: Buenos días, a esta hora dificultades en la N-6 en el Alto del León. Retenciones para el acceso a Madrid por la A-2

HÉCTOR: ¿Dormiste bien?

NURIA: Más o menos.

Desde el centro de pantallas del ayuntamiento de Madrid: Mucho tráfico en el Paseo de Santa María de la Cabeza hasta el puente de Praga

N: ¿Tuviste frío esta noche?

H: Lo que tuve son pesadillas. Cerraste la puerta  y  no me entraba el aire, así no duermo bien; falta oxígeno al cerebro.

Accesos a la M-30 por Méndez Álvaro

N: Pesadillas, como cuáles ¿por ejemplo que te llaman de la secretaría de la Facultad para decirte que todo es mentira, que la expedición del título fue un error y en realidad te faltan seis asignaturas para terminar la carrera?

H: No digas eso ni de broma.

Prolongación O´Donnell

N: Pues esa es una de mis pesadillas recurrentes últimamente.

Entrada por Sinesio Delgado

H: Y cuáles son las otras.

N: Cuando vuelvo a ver Misery.

H: Ya, te da por soñar que te atan a la pata de una cama, por eso no veo películas de Stephen King más de dos veces seguidas. Yo en cambio soñé que estaba en una orgía con tres brujas, nos revolcábamos entre cadáveres desnudos y entre polvo y polvo, ellas los iban comiendo crudos. Tengo que dejar de leer a Houllebecq.

N: ¿Probaste a practicar deporte?

H: ¿Para evitar las pesadillas?

N: He leído que la fase REM es muy profunda cuando
estás cansado.

H: No sé si funcionará conmigo, nunca tengo sueño.

N: Quieres decir que no vas a probar a ir al gimnasio.

H: Me aburre ver tantos bíceps; pienso que estoy en la cola de la carnicería y, además, lo de sangre, sudor y lágrimas lo dejo para cuando doy clase.
                    
N: Vaya, estaba pensando en regalarte unas mancuernas de tres kg para Navidad.

H: Mejor lo olvidas y me compras otra cosa de tres kg.
¿Quieres un zumo?

N: No, que todavía están agrias las naranjas, prefiero un tomate de esos ecológicos que traje ayer.

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H: ¿Vas a llevar el coche? Parece que no hay mucho tráfico hoy, y mañana habrá huelga en el metro.

N: Iré en metro, así aprovecho y leo; estoy terminando un libro de Monterroso.

H: Pues como sea el del dinosaurio tendrás poco que leer. Siempre pensé que ese cuento lo sacó de La máquina del tiempo de Wells.

N: En el metro todos tenemos la cara amarilla, sólo nos falta hacer taichí antes de entrar a trabajar, como en China. Tal vez iríamos más contentos.

H: Pero en China no duermen debajo del mostrador como hacían los emigrantes asturianos en Madrid.

N: Peor, duermen en las peluquerías, de hecho viven en ellas.

Nieve en la Sierra de Madrid; la cota en los 800m de hasta 5cm. Nieblas y heladas
Mínimas de 2º llegando a los 7º bajo cero. En Buitrago -3º, en Navacerrada 5º bajo cero.
Son las 7 y 20 de la mañana

H: No hace falta mirar por la ventana porque ya sabes el día que va a hacer, con lo que a mi me gusta la lluvia, monotonía tras los cristales

Pues a mi me gusta como queda aquí la cita de Machado, no creo que parezca pedante ni cursi.

Haz lo que quieras, eres un cursi.

N: No me digas, menudo peñazo la lluvia y el cielo gris todos los días. Te dan ganas de cortarte las venas.

Litoral presenta perlas de la sabiduría popular: Quien de lentejas se alimenta mantiene el alma contenta.

H: ¿Te apetecen lentejas para comer?

N: Hoy mejor que no, prefiero algo más animado, en contraste con el entorno.

H: ¿Algo con dibujos? sopa de letras…

N: Ahora entiendo a los niños con los caprichos de los colores y texturas en la comida. Ya nos hemos acostumbrado a lo estoico, parecemos pastores.

H: Los pastores no tienen caprichos, sólo comen queso y pan; dicen que cuando se reúnen, oveja a la cazuela; es como un consejo de ministros.

N: Sólo nos falta el uniforme.

H: Estas fiestas creo que regalan, en el corte ingles o en arzobispado, no lo sé muy bien, chalecos de oveja para todos.

N: El aguinaldo, ¿es por lo de la extra, no?

H: La extra de julio era por matar rojos, pero la de Navidad era para que fueses con la barriga llena y la cara de idiota a misa del gallo. Este año no hay extra, así que habrá que quedarse en casa y a falta de Miliki reírse del Bobón.

N: El año se divide entre verano y navidad; es una ley física. ¿Qué vas a hacer en las vacaciones?

H: ¿Crees que es el momento de parlare di amore? Son las siete de la mañana, no estoy para pensar en nochebuenas y demás familias.

N: Yo voy a poner una película, e irme a dormir a las 22.00.

H: Pues más que una película será un corto del Gordo y el Flaco, porque vaya horas.

N: Es que empiezo a cenar a las 8. Cena europea para hacer la digestión.

H: A las 8 hay que ir por los bares, es el único día que invitan a una copa en todo el año. Y las madres tienen que realizarse en casa haciendo de esclavas.

N: Eso sí que no cambia en este país: las madres españolas en la gran noche metidas en la cocina desde las 10 de la mañana.

H: Bueno guapa, vamos a cambiar de tema que todavía falta y ya llegará el momento de deprimirse a gusto.

¿Problemas de erección? ¿Eyaculador precoz? Reconquista tu vida sexual. Sexo es vida

H: ¿Esto qué es, un teléfono de contactos o el teléfono de la esperanza?

N: ¡Me tienen frita los de los teléfonos! ¿Con cuál nos vamos a quedar? Es más difícil traducir sus tarifas que leer las hojas del té.

Un coche circula en dirección contraria durante 25km por la carretera de Zaragoza. El piloto se encontraba en tal estado de embriaguez que fue incapaz de realizar el control de alcoholemia

H: Sería Artur Mas, ya solo le falta ponerse los calzoncillos por encima de los pantalones y tirarse por el balcón.

N: Sí, es igual que Superman cayéndose del caballo.

La alcaldesa de Avilés dice sentirse triste y decepcionada tras conocer los números rojos de la Fundación Niemeyer de la que ella es vicepresidenta.

H: Pues al encargao del pufo lo ha fichado la alcaldesa de Madrid, que cada día se parece más a Raphael. Hay facturas por 300.000€ en copas.

N: Es increíble los políticos, ninguno se destruye, todos se transforman.
                    
H: Son como la peste, todo excrescencia.

N: ¿Así voy bien o me pongo más maquillaje?

H: A estas horas, vaya humor.

N: Pues la mayoría parece que va de fiesta.

H: Por qué hacéis eso, nunca lo he entendido.

N: Primero empiezas a verte ojerosa, luego demacrada, y así sucesivamente hasta que decides  atajar por lo sano.

H: Y os convertís en la Serpiente emplumada. Tenían que prohibir ir a trabajar así.

N: ¿Así como?
                         
H: Como si para ir a trabajar tuvieseis que disfrazaros de árbol de navidad.

N: Yo no puedo detener el tiempo.

H: Ya, fastidia envejecer, ¿te imaginabas así, de mayor?

N: Dices ojerosa y demacrada.

H: Y más cosas. Es el miedo a crecer.

N: O a parecer una señora si no me arreglo un poco.

H: Sólo te parecerás a tu madre.
Ayer  no te oí entrar, ¿llegaste muy tarde?

N: Cuando llegué vi al vecino en el garaje, durmiendo en el coche.

H: ¡Qué dices! No me lo creo, si son la parejita feliz.


La conversación siguió rápida entre las tostadas de pan integral y los kiwis cortados a la mitad. El día empezaba con diamantes de frío y noticias de angustia. Nuestros héroes se hacían un poco más viejos sin que ya nada de eso les importase y sin que no tuviesen la certeza de que muchas cosas les habían hecho daño y de que no iban a dejar que este tiempo de perdición les rompiese.











Imágenes Natalia Pastor
Texto Roxana Popelka y X-C

viernes, 30 de noviembre de 2012

Ecosistema y explosión de las artes





Juan Antonio Ramírez.
Ecosistema y explosión de las artes. Editorial Anagrama, S.A., Barcelona, 1994.

«Lo que se dice entre nosotros sobre las artes parece monopolizado por dos tipos de discurso: o bien se adopta un tono pedestre, "científico" y descriptivo, o sé recurre a una impostación metafísica y seudopoética, francamente incomprensible. El primero de esos modos de hablar predomina en los círculos académicos, y solo parece interesar ya a quienes confunden el intelecto con la burocracia universitaria (los lectores más benevolentes premian tales aportaciones con una buena ristra de bostezos). Otros muchos se amparan, en cambio, en el paraguas protector de la crítica. ¿Acaso no dijo Baudelaire que esta "debe ser parcial, apasionada, política"? Para ellos vale todo: cuanto más arbitrario y retorcido sea el texto, mejor.
El hábito no hace al monje, probablemente, pero el género sí condiciona seriamente la médula del discurso.

La historia del arte es por su propia naturaleza más verdadera y más  arbitraria (más falsa) que ninguna otra historia social o cultural. Lo primero se deriva de su inexorable atención a los objetos. Actúan entre nosotros, aquí y ahora, con independencia del momento histórico y del lugar donde hayan podido fabricarse. Ahora bien, no hay arte sin criterios de valor artístico, y éstos cambian constantemente. 

En la tradición occidental está presente la idea de que el verdadero artista es un ser anticonvencional. En las vanguardias es bien conocida su actitud "rupturista".

El arte es, en buena medida, otra actividad solipsista y semiclandestina. Sus autores, como en un suplicio de Tántalo, están condenados a un onanismo creativo, monótonamente repetitivo.

El artista cree normalmente en su propio talento, pero su ánimo oscila con frecuencia entre la amarga impotencia y la exultante satisfacción. Ve el camino de la gloria como algo lleno de dificultades y peligros: envidia, crisis económica, estupidez e insensibilidad del mundo filisteo, etc.

La sustitución del escenario cultural de las vanguardias por las simples leyes del mercado implica que se acepta tácitamente la preeminencia de los agentes económicos sobre los tradicionales argumentos críticos o políticos.

Este universo vive de una presunción moralizadora, de origen ilustrado: el arte es educativo, mejora la condición humana.

El artista del siglo XX ha sido presentado como un héroe mítico, y la lógica ancestral del relato exige un enfrentamiento con el mundo, superación de duras pruebas y su presentación ulterior como “caso ejemplar”.

El modelo narrativo del ciclo cerrado, como el de Winckelman con su evidente inspiración biológica: balbuceo infantil, apogeo y decadencia se aplica hasta las vanguardias anteriores y posteriores a la Segunda Guerra  Mundial. Como no se puede aplicar a cosas que se están desarrollando en el presente y cuya evolución futura es incierta, se ha empezado a canonizar una distinción entre “arte moderno” (modern art) y “arte contemporáneo”. Se supone que podemos dar cuenta del primero con el modelo de los ciclos cerrados, mientras que lo contemporáneo estaría todavía “abierto”. El historiador académico y el crítico militante vienen a ser los propietarios arquetípicos de cada una de esas parcelas imaginarias de la realidad artística.

Algunos han visto la historia del arte, y muy en particular la del siglo XX, como una sucesión interminable de innovaciones formales. Este es el modelo de la novedad a ultranza, magníficamente expresado por Ramón Gómez de la Serna: “No hay otra forma ni concepto de la distancia en Arte que el innovar. Así como el que camina, si ha de avanzar ha de recorrer espacios que no estaban detrás de él sino delante, el artista está parado y da vueltas alrededor de su noria si no innova”.
La idea suele venir acompañada de un canto más o menos explícito a la libertad, y de un rechazo de los cánones reguladores y de las instituciones artísticas.

Los adeptos al modelo del objeto singular suponen que la verdadera obra de arte habla directamente al alma del espectador sin necesidad de divagaciones contextualizadoras. Creen en el magnetismo eterno de la creación: algo que fue hecho en algún lugar remoto, por una persona desconocida, “me llega”, con independencia de mi eventual ignorancia de su función original, sentido religioso y literario, etc. Su periodo de máximo apogeo ha coincidido con el momento álgido de la posmodernidad: la idea del final de la historia, trasladada a nuestro campo, implica en la práctica un debilitamiento de todos los argumentos y una exaltación intemporal y acrítica de las obras. Los objetos tienden a suplantar a los sujetos.

El museo no es ya un panteón inamovible sino un sitio prominente donde se presentan argumentos fluctuantes. Se está codificando una especie de dogma museográfico que podría enunciarse de la siguiente manera: es mal organizador de exposiciones temporales el que las estructura como un museo; es bueno el conservador de museo que se inspira en las exposiciones temporales. Las exposiciones se multiplican, y lo mismo sucede con las reordenaciones internas de los museos. El resultado es que unas propuestas aniquilan a las otras. No hay un discurso rector. Una lluvia incesante de presentaciones mantiene el ambiente empapado de arte, sin que sea fácil reconocer en todo ello ninguna dirección.
En estos modos de percibir directamente el objeto artístico late una poderosa influencia subterránea de los parques temáticos. En un espacio acotado se distribuyen objetos y atracciones con la finalidad declarada de instruir y deleitar, sin exigir ningún esfuerzo especial del visitante-espectador.
Se diría que la aspiración a hacer una historia del arte con los objetos mismos está conduciendo ahora a su reverso: se quiere que todo sea tan real que parezca una ficción.

La historia del arte parece, a primera vista, atomizada e irreductible. Ningún agente o modelo es tan fuerte como para aniquilar a los competidores.
Los grandes relatos arquetípicos quedaron trazados y petrificados ya en los años cincuenta, y toda la efervescencia de las últimas décadas, con su proliferación infinita de argumentos débiles contrapuestos (de propuestas), no habría conseguido erosionar la médula de una historia del arte ya definida y “consagrada”.

La historia del arte es más sensible que las otras historias a las turbulencias de la cultura de masas. La presión poderosa de tantos agentes, estructuras narrativas, modelos ideológicos, pulsiones icónico-objetuales y géneros, ha sobrecalentado la materia misma de la disciplina. Sus átomos se están desintegrando. El mundo del arte vive sobrecogido (y divertido) esta especie de gran explosión termonuclear generada y controlada en su propio seno. Puede que no cambien los grandes relatos primordiales, pero la energía que se libera con su puesta a punto está siendo realmente espectacular. Es inevitable ya considerar a la historia del arte (y a sus herederas disciplinares) como una de las atalayas más privilegiadas para dar cuenta del mundo en que vivimos.»