jueves, 16 de septiembre de 2010

Lake Charles


Había algo que le impulsaba a volver al Lago Charles
Solía hablar de ello
No hablaba de otra cosa
Siempre dijo que para él Louisiana
era su hogar
Había nacido en Nacogdoches
Que está al occidente de Tejas
No muy lejos de la frontera
Pero le gustaba decir a todo el mundo
que era del Lago Charles

A caso un ángel te susurró al oído,
Te estrechó en sus brazos y apartó de ti el temor?

En aquellos instantes ya perdidos
solíamos conducir
cruzando Lafayette y Baton Rouge
en una camioneta amarilla
Escuchando a Howling Wolf
Le gustaba pararse en Lake Charles
Era el lugar que amaba

Alguna vez has llegado al final
De la carretera de Lousiana
Pasando el Lago Ponchatrain
Ahora tu alma está en el Lago Charles
Digan lo que digan

A caso un ángel te susurró al oído,
Te estrechó en sus brazos y apartó de ti el temor?
En aquellos instantes ya perdidos

Lucinda Williams
Traducción Carlos F. Pando

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Suicidas

foto Florence Vaisberg










3.263 personas se suicidaron en España en el año 2007, la cifra supera a la de los muertos por accidentes de tráfico, los datos son oficiales, del Instituto Nacional de Estadística, pero no creo que a nadie le importe. La tasa de suicidio por cada 100.000 habitantes fue de 11 para los hombres y de 3,5 para las mujeres; aunque las tentativas de quitarse la vida son mayores entre las mujeres, los hombres finalizan mejor.
La doctora Pilar Saiz, del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo intenta explicar hacia donde se dirigen las investigaciones: “Hasta la fecha, los hallazgos más sólidos provienen de la presencia de niveles bajos del ácido 5-hidroxiindolacético, el principal metabolito de la serotonina, en el líquido cefalorraquídeo". “Estas enfermedades tienen un claro componente genético, pero la susceptibilidad para el comportamiento viene dada por el efecto combinado de muchos genes (genes de efecto menor) y de diversos factores ambientales que actúan conjuntamente”. Hay varios agentes que acentúan el riesgo: “Padecer un trastorno mental, la presencia de ideación suicida, las verbalizaciones suicidas y la planificación del acto, los antecedentes personales de tentativa suicida, el aislamiento social, sentimientos de desesperanza, factores sociodemográficos –entre los que se incluyen el sexo masculino y una edad por encima de los 55 años-, los antecedentes familiares de suicidio consumado y la presencia de factores estresantes agudos o crónicos”. “El riesgo varía en función del trastorno mental padecido, de modo que los trastornos que se acompañan de un mayor riesgo son los trastornos afectivos, la dependencia del alcohol y/o drogas y la psicosis no afectiva”.
Y bien, ¿qué quiere decir todo esto?, pues quiere decir que hay gente que sufre, que soporta un dolor hasta el límite de lo imaginable, y que cuando ya no lo pueden soportar más y no encuentran ninguna solución, ninguna salida, ninguna esperanza a su problema, irresoluble, se dejan morir. La desesperación es una mala compañera de cama y la bilis negra se esparce ocupando todos los rincones de la vida, cuando ya no queda ningun espacio para la esperanza, la vida deja de tener sentido y el suicida actúa:
"Asisto con asombro a mi derrumbe, contemplo atónito como la enfermedad invade mi cuerpo y mi cerebro, como cada día es una batalla perdida, y cada noche una pesadilla infinita. Reniego de haber nacido y de haber existido en cada instante de mi vida. Pienso en las inmensas llanuras ocupadas por el mar, bajo las que me crié pensando en ranas y rabos de lagartija..." Así comienza la nota recogida del bolso de un suicida después de haberse tirado por la ventana.


foto Francesca Woodman

lunes, 13 de septiembre de 2010

Francesca Woodman














Francesca Woodman (1958-1981)
"La fotografía es también una manera de conectar con la vida. Hago fotos de la realidad filtradas a través de mi mente."
"Esta noche no estoy contenta. Pienso y hablo a menudo de mi detestable tendencia al romanticismo. Creo que el esfuerzo de deshacerme de esta actitud en mi trabajo ha tenido un extraño efecto en mi vida..."
"Mi vida en este punto es como un poso muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones... en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas..."
¿Que pasó?, tenia 23 años y me tiré por la ventana.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Confesión

















Confesión (Prefacio para una obra no publicada)
KRK Ediciones, Pensamiento, 2008.
Traducción e introducción de Iván García Sala.
Epílogo de Luis M. Valdes Villanueva.
Tolstói escribe Confesión entre 1879-1882 que junto con Crítica de la teología dogmática y Concordia y traducción de los cuatro evangelios forman un solo tratado sobre la religión, el cristianismo y el sentido de la vida.
El año 1878 marca el fin de un periodo en la vida de Tolstói, lleno de éxitos literarios, felicidad familiar y prosperidad económica, que le hacen creer en el progreso humano, el siguiente periodo de su vida estará dedicado a la búsqueda espiritual y religiosa y el desprecio de la actividad literaria. La crisis religiosa que sufrió hacia 1875 le llevó a buscar refugio en el seno de la Iglesia, pero asqueado la abandono en busca del verdadero mensaje de Cristo.
"Hoy como entonces, la profesión y la práctica pública de la ortodoxia se dan, mayoritariamente, entre gentes necias, crueles e inmorales que se consideran muy importantes. Por el contrario, la inteligencia, la honradez, la sinceridad, la bondad y la moral se hallan, mayoritariamente, en personas que se consideran no creyentes."
Levin, el personaje de Ana Karenina, escrito en la misma época refleja los ideales del escritor y los cambios sufridos en este periodo pero es Confesión la obra que refleja sus nuevas ideas.
La obra tenía que publicarse en 1882 pero la censura eclesiástica prohibió la obra. Los editores intentaron que Tolstói retirara los pasajes censurados de la obra pero el autor se negó y no fue editada en Rusia hasta el año 1906.
El padre Sergio, alter ego de Tolstói en la novela homónima dice: "Soy un pecador, un sucio, repugnante, empedernido y orgulloso pecador, no sé si el peor de todos, pero si el pero si el peor de todos los peores hombres. Soy un libertino, un homicida, un blasfemo y un impostor."
Algo parecido dice el escritor de si mismo en Confesión. Es la confesión de un pecador antes del bautismo iniciático en la nueva fe que propugna Tolstói como predicador de su propia religión.
En muchos pasajes de Confesión el discurso de Tolstói, considerado habitualmente un escritor homérico, luminoso y diurno, adquiere tintes desesperados, claustrofóbicos y autocomplacientes, de un personaje salido del subsuelo dostoievskiano.
"Mi vida se había detenido. Podía respirar, comer, beber, dormir, porque no podía respirar, no comer, no beber, no dormir; pero no tenía vida, porque no existía ningún deseo cuya satisfacción me pareciera razonable. Si deseaba algo, sabía de antemano que, lo satisficiera o no, no resultaría nada de ello."
Decía George Steiner: "Tanto Tolstói como Dostoievski, eran creyentes fanáticos en los poderes de la mente, en la capacidad de la razón para arrojar una luz clara y estable sobre lo que Cristo había dejado en la penumbra de la alegoría."
Al igual que Rousseau, Tostói pensaba que la inocencia original del hombre había sido arruinada por la educación, decía que las élites rusas con sus "teorizaciones fanáticas" y "falsas analogías semicientíficas" impedían el acceso a la verdad.
"La ignorancia tiene este modo de actuar y de hablar: cuando no se sabe algo, se tacha de estúpido."

Confesión tiene como leitmotiv una pregunta, la pregunta acerca del "sentido de la vida". Isaiah Berlin, en su libro Pensadores Rusos (1979) opina que esto le valió una injusta reputación de nihilista, y lo coloca entre los miembros de "la muy subversiva compañía de cuestionadores —entre los que se encuentran Maquiavelo, Pascal, Rousseau o el autor de El libro de Job— a los que no se les ha podido dar respuesta, ni parece probable darsela."
La vida por cuyo sentido pregunta es, desde luego, la vida real, la vida que transcurre en el ámbito espacio-temporal y causal. En este plano, no había duda para el de que la vida termina siempre en muerte y destrucción y que, por tanto, carece de sentido.
Puede entenderse que lo que Tolstói llega a reconocer es que la inclinación a responder a la pregunta acerca del sentido de la vida desaparece cuando uno capta que la propia pregunta es superflua. Es el descubrimiento de la forma de vivir de los campesinos la que hace reconocer que el sentido de la vida no es algo enunciable en proposiciones, sino algo vivido.
Coincide Tolstói con Wittgenstein en el diagnóstico de que la solución al problema de la vida consiste en la "desaparición de la pregunta sobre su sentido. Tal pregunta "significa para Tolstói lucha e intranquilidad constantes"
"Mientras buscaba respuestas a la pregunta acerca de la vida, experimentaba exactamente el mismo sentimiento que tiene una persona perdida en el bosque."

El climax filosófico de Confesión ocurre cuando Tolstói llega a aceptar que puede contemplar el problema de la vida desde un punto de vista "externo", desde una posición en la que es concebible que pueda interrogar a las ciencias o a la filosofía sobre el sentido de la vida y obtener una respuesta aceptable. Naturalmente, las respuestas pertinentes afirman de modo unánime que la vida carece de significado, pero esto sólo resulta de que la filosofía tambien separa significado y vida sin reparar en que es precisamente la vida —"el actuar", como dice Wittgenstein— lo que sustenta el significado.
Lo que Tolstói descubre es que no es cierto que "la esencia de la vida nos esté oculta", la vida es lo que es autoevidente, pero, precisamente por ello, tenemos tendencia a enredarnos en la busqueda de su sentido fuera de ella, como si se tratara de encontrar algo, adicional a la vida, que se lo confiera.
Tolstói pensó durante algún tiempo que estaba ciego para la vida, que "vivía pero que no había vida en el". Sin embargo, su trabajo filosófico le persuadió de que la vida se ve precisamente cuando uno intenta salir de la trama de la vida y enfrentarse a ella con preguntas que tratan de averiguar su sentido; y de que la solución "es una forma de vivir que lleve a la desaparición de lo problemático".

"Si hubiese comprendido simplemente que la vida no tiene sentido, me lo habría tomado con serenidad, habría entendido que esa era mi suerte. Pero no me apaciguaba. Si yo fuese un hombre que vive en el bosque sabiendo que no hay salida, habría podido vivir; pero yo era un hombre perdido en el bosque que había descubierto el horror de extraviarse, y corría deseando encontrar el camino, sabiendo que cualquier paso que diera lo desorientaría más, pero no podía dejar de correr.
Eso era lo que me aterrorizaba y para desembarazarme de ello, ansiaba matarme. Experimentaba terror ante lo que me aguardaba sabía que ese espanto era más terrible que la propia situación, pero no podía ahuyentarlo ni esperar el fin pacientemente. Por convincente que fuera el argumento de que tarde o temprano reventaría una vena en el corazón o algo estallaría y todo se habría acabado, no podía esperar pacientemente el final. El terror a la oscuridad era demasiado fuerte y quería librarme de él cuanto antes, con una soga o con un balazo. Este sentimiento fue, por encima de todo, lo que con más fuerza me arrastró al suicidio."












"Tolstói, el gran egoísta según los pequeños egoístas  el pródigo de su yo, nos lo ha dejado, nos ha dejado su yo, que es nuestro yo, es de cada uno de los que leemos sus obras, sus actos, y enriquece nuestro yo."
Miguel de Unamuno

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Porqué escribo



Dice Vargas Llosa que la vocación es el punto de partida indispensable para llegar a ser un escritor, que es un asunto misterioso cercado de incertidumbre y subjetividad. Dice que ello no es obstáculo para tratar de explicarlo de una manera racional, evitando la mitología vanidosa, tejida de religiosidad y de soberbia, con que la rodeaban los románticos, haciendo del escritor el elegido de los dioses, un ser señalado por una fuerza sobrehumana, trascendente, para escribir aquellas palabras divinas a cuyo efluvio el espíritu humano se sublimaría a sí mismo, y, gracias a esa contaminación con la Belleza (con mayúscula, por supuesto), alcanzaría la inmortalidad.
Por eso escribo, por todo eso, por esa mitología vanidosa, tejida de religiosidad y de soberbia, con que la rodeaban los románticos, para sublimarme a mi mismo y para alcanzar la inmortalidad.

martes, 7 de septiembre de 2010

Un extraño en mi casa














El amor, extraño en mi casa, recorre las habitaciones, levanta el polvo y agita las páginas de los libros viejos -cansados de estar cerrados- entre fotos de estatuas y cuadros, su melodía discurre por mi corazón, como si fuese la risa de los niños o la brisa del mar que hace picar mis ojos por la sal y la emoción de ver el infinito. Un tiempo extraño, de ilusiones y besos entre apócopes de lágrimas y suspiros, y el ataque de los violines, como si Mahler hubiese resucitado. El amor, ah... el amor. Entre los peores momentos, entre la desesperación, entre el instante previo a la muerte, entre las flores rotas tiradas por el suelo, entre los desgarrados silencios de una soledad sin fin... el amor. Ese instante en que suena tu voz y el mal escapa; son los días de la dicha, los buenos días, cuando se pueden construir catedrales sólo con soñarlas, cuando se puede hacer el amor sólo con desearlo, cuando se te puede querer sólo con quererte... Si te tuviese aquí  entre mis brazos, te rezaría, rezaría cada noche a tu coño para que no se cerrase nunca, para que siempre me amase, como la primera vez, cuando me comió el sentido en una noche de flash, como la última cuando me estrujó el sexo hasta dejarlo exangüe. Si tu me amases yo volaría, si tu me quisieses saltaría sobre el mar como un saltamontes en la hierba detrás del sol. Vivir, sentirte, estremecerme debajo de ti  es todo lo que quiero, sólo a ti  una estrella que se mueve deprisa entre las sombras, un recuerdo de algo que nunca tuve, un deseo... tu vida.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El perro





















El perro salió de la noche, corría en pos de algo, apenas ladró, cuando entendió que aquella sombra tenía algo de él. No era un buen momento llevaba lloviendo tanto tiempo que no recordaba el sol, tampoco recordaba nada bueno, pero... ¡que diablos! aquella sombra se movía como si fuese una estrella, tenía que darse prisa, no podía dejarla escapar. Así que salto de la acera dispuesto a seguirla, cuando un coche dobló la esquina y le pasó por encima.