martes, 10 de septiembre de 2013

Parángelas















imagen Rocío Pinín



Siempre me gustó este cuadro, desde el el primer día,  desde la primera exposición y ya había pasado por que lo vi arriba, en en el almacén donde la galería guarda los cuadros, uno de cada se queda la sala. Pero siempre me gustó ver esas mujeres volando con los paraguas: siempre me gustaron los paraguas, desde niño cuando iba a la escuela; recuerdo jugar con las ratas al hockey, cuando llovía mucho esperábamos a que saliesen de las alcantarillas y las golpeábamos con fuerza,  siempre me gustaron los paraguas. Pero esta noche necesito algo más que mujeres voladoras, brujas a fin de cuentas, o mariposas o metamorfosis de pájaros de Hitchcock. Sólo tengo que andar por la calle para verlas volar, son los recuerdos de mi madre, de mi abuela, los rincones de todas aquellas mujeres que me decían cosas (y yo no les hacía caso) cuando era niño. Todas ellas que estuvieron en mi primera comunión,  mis tías, las hermanas de mi abuela, las amigas de mi madre, todas ellas. Yo estaba allí, un poco como volando, supongo que era así porque el cura me había dicho que iba a ver a Dios, y yo con mi traje blanco y mi hermana de novia y mi padre contento, todo era... de película.


martes, 3 de septiembre de 2013

Las voces de Marrakesh














Elias Canetti publicó Las voces de Marrakesh en 1967, pero este libro fue escrito sobre las notas del viaje que en 1954 realizó a Marrakesh acompañando a un equipo de rodaje inglés, apenas dos años antes de la independencia de Marruecos.
Canetti era un spaniol educado entre Suiza y Austria, un sefardí nacido en 1905 en una ciudad, entonces turca y ahora búlgara, a orillas del Danubio. Empujado por la historia recorrió Europa con su familia y aprendió a ver lo que había dentro del paisaje, dentro de las ciudades; así se forjó un increíble contador de historias. Cuando llega a Marrakesh en 1954 ya es un gran literato que había empezado a pergeñar en Viena, en 1930, lo que él llamaba “una comedia humana de la locura", donde quería escribir "un texto riguroso y despiadado conmigo mismo y con el lector. Me hallaba inmunizado contra todo cuanto pudiera ser agradable o complaciente, la literatura vienesa de entonces me daba asco."
En ese momento "el mundo no podía ya ser recreado como en las novelas de antes, es decir, desde la perspectiva de un escritor; el mundo estaba desintegrado y sólo si se tenía el valor de mostrarlo en su desintegración, era posible ofrecer de él alguna imagen verosímil."
Había aprendido de su madre lo que era la vastedad, "poder abarcar todas las cosas y tan contradictorias, el que lo aparentemente incompatible pudiera ser válido al mismo tiempo."
En su obra capital, Auto de fe (1936), no hay sentimentalismo, sólo están los retratos de una sociedad que podemos ver en los cuadros de Grosz, Kirchner, Dix o Schile, la pesadilla de como el capitalismo imperialista degenera en una feroz vorágine de muerte y destrucción.  "La masa domina nuestro siglo, ese es mi proyecto: conocer y comprender la masa."
“Y tú, ¿qué haces?” le preguntó su millonario tío Salomón un día que coincidieron juntos en una boda, y él respondió: “Elias Canetti, Elias Canetti, Elias Canetti.” Esa fue la cantinela que le dio valor para vivir con un principio: “El dinero no tiene valor.”
Cuenta Canetti que nada le ocurrió mejor en la vida que descubrir La metamorfosis de Kafka: "Ahí encontré, en un grado de perfección sumo, la contrapartida de aquella ausencia de compromiso total con la literatura, que tanto odiaba" (Amén).


Tras la independencia de Marruecos en 1956 y hasta el año 1961, 25.000 judíos emigraron del Reino Alauita, pero tras La Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, más de cien mil judíos salieron por Ceuta y Melilla hacia Israel, igual que él tuvo que escapar de Viena en La Noche de los Cristales Rotos en 1938; 40.000 de esos judíos eran de Marraquesh.

Un contador de historias es Canetti en este viaje, en el espacio y en el tiempo, al África colonial. Asombrado por lo que ve quiere narrar lo inmediato, lo que despierta sus sentidos, para eso utiliza la sencillez: "Los buenos viajeros son despiadados", así encabeza el libro.
Hombres y mujeres iguales en todas partes, cambia el paisaje, el clima, hasta la raza o el siglo, pero el hombre es el mismo: "La tenacidad de un tonto es inquebrantable"; o como dijo Graham Greene, por boca de Fowler, en la desoladora El americano impasible (1956): “No hay nada peor que un tonto, ni tan siquiera un malvado, por que este al menos descansa de vez en cuando.”
La miseria saca a la luz la humanidad, en el norte de las valquirias los subhombres eran exterminados con precisión matemática, en el sur, al borde del desierto, en Bab-el-Khemis, al otro lado de la muralla, está el mercado de camellos, allí llegan los animales tras su larga travesía por las dunas portando la mercancía de las caravanas, cuando consiguen llegar a casa son premiados con su garganta abierta de par en par, al sol naciente; ya estaba escrito en la puerta de Auschwitz, “El trabajo os hará libres”.


Cuando yo estuve en Marrakesh, en el barrio judío de Melah, un adolescente nos prometió enseñarnos el cementerio a pesar de que ya estaba cerrado. Nos guió desde la plaza de Xemaá El Fná por un laberinto de sombras mientras el sol permanecía en lo alto. Le di unos dírhams y entramos en una casa grande de paredes encaladas, casi un almacén, y nos encontramos en medio de un gimnasio con un ring en el centro donde se pegaban dos chicos, mientras otros muchachos golpeaban remendados sacos de arena que colgaban del techo y otros saltaban descalzos a la comba. El olor aun era más fuerte que el de las calles, llenas de comino y excrementos. Nos subimos a un banco de madera, para poder mirar por la única ventana que había en aquella pared, ya gris y decorada con los póster de Mohamed Ali y Samantha Fox. Desde allí pude ver el cementerio judío, las tumbas se suceden como ampollas de viruela, como protuberancias de muerte se extienden bajo el sol del desierto.
"El cementerio parecía una gigantesca escombrera, un paisaje lunar de muerte. Se amontonan ahí como basura y desearía uno salir huyendo de allí raudo como un chacal. Es el desierto de los muertos sobre el que ya nada crece; el último, el desierto póstumo.”













fotos X-C


martes, 27 de agosto de 2013

Tanto tiempo recto, largo y estrecho
















Tanto tiempo recto, largo y estrecho.
Si, acabado, como el ladrido de un zorro
Como un beso de los tuyos
como un polvo en la playa con tu chocho lleno de arena
Y todas esas malditas cosas,
esas cosas que no me dices,
que no me haces.
Que me haces sentir cuando no me hablas
cuando tan solo no me miras
Y luego al despertar solo tengo la almohada
Otras noches me levanto antes o no se cuando me acuesto,
tal vez no tengo oídos ni voz, ni carne, ni esperma,
tan solo eso que no me das,
recuerdos que no tuvimos,
y sueños que jamás tendremos.


jueves, 15 de agosto de 2013

Drácula de Bram Stoker














En 1897 Bram Stoker (1847-1912) publica en Londres, Drácula, el mismo año que Rudyar Kiping (1865-1936) escribía su poema El vampiro inspirado en un cuadro de igual nombre y fecha de Philip Burne-Jones (1861-1926). El escritor irlandés había sido el crítico literario del Dublín Evening Mail, periódico propiedad de uno de los más grandes escritores de cuentos de terror, Sheridan Le Fanu, que ya en 1872 se había anticipado a Drácula con Carmilla, una vampira lésbica (llevada al cine por Dreyer como Vampyr en 1932).


Pocos días antes de publicar la novela, para asegurarse los derechos de autor, Bram Stoker dirigió una lectura de la obra con un grupo de actores en el teatro que dirigía, el Lyceum Theatre de Londres. Así en 1922 cuando Murnau quiere adaptar al cine la novela se encuentra con la negativa de la viuda y albacea literario de Stoker. El genio alemán, cambia los nombres de los personajes y las ciudades y el título de la obra, que bautiza como Nosferatu, de todas maneras, Florence Balcombe, la mujer que había dado calabazas a Oscar Wilde para casarse con Bram Stoker, demandó a la productora alemana por infracción de los derechos de autor. Ganó el juicio tres años después, llevando a la quiebra a la empresa teutona y ordenando el tribunal la destrucción de todas las copias de Nosferatu, pero la película ya había sido distribuida por todo el mundo y algunas cintas permanecieron ocultas hasta la muerte de Florence (1858-1937).


Drácula es adaptada, bajo la supervisión de la viuda, para el teatro en 1924 y es estrenada con gran éxito en Londres y tres años después en Broadway, siendo el conde Drácula encarnado por un actor nacido en Transilvania, Bega Lugosi. Tras permanecer un año en cartel en Nueva York y dos años de gira por todo Estados Unidos, rompiendo todos los records de taquilla en la historia del teatro norteamericano, la obra es llevada a la gran pantalla   por Tod Browning para la Universal, donde la aparición en escena de Lugosi crea el icono de un Drácula aristocrático y seductor. Algo que no hubiese sucedido de nos ser por la muerte, antes de empezar el rodaje, de Lon Chaey, El hombre de las mil caras, Cuasimodo, El fantasma de la opera o El hombre lobo; el elegido por Browning habría creado un personaje más cercano al Nosferatu de Max Schreck.

martes, 13 de agosto de 2013

El vampiro




















Rudyard Kipling (1865-1936), el bardo del Imperio Británico, escribe los versos de El vampiro en 1897, el mismo año en que Bram Stoker (1847-1898) publica el paradigma del género, Drácula. Dice que ha sido inspirado en el cuadro que Philip Burne-Jones (1861-1926) acaba de pintar a su amada, la actriz de moda en Londres, Patrick Campbell. El exitoso pintor era hijo del reconocido artista inglés, Sir Edgard Colley Burne-Jones (1833-1898), uno de los creadores de la Hermandad Prerrafaelita, un movimiento artístico que bajo la influencia del Romanticismo, defiende la libertad del pintor y una vuelta a la Edad Media, donde los valores espirituales tenían más fuerza que una mera representación realista de la naturaleza, enfrentado su idealismo al materialismo realista del impresionismo francés.
El vampiro, Rudyard Kipling

Un idiota había que rezaba
(igual que tú y yo)
a un trapo y a un hueso y a un mechón de pelo
(le llamábamos la mujer despreocupada)
pero el idiota te llamaba su dama perfecta-
(igual que tú y yo)

Oh, los años perdidos, las lágrimas perdidas
y el trabajo de nuestra cabeza y mano
pertenece a la mujer que no sabía
(ahora sabemos que no podía nunca saber)
y no comprendíamos.

Un idiota había que sus bienes gastaba
(igual que tú y yo)
honor, fe, una tentativa segura
(y no sólo era eso lo que la señora quería decir)
pero un idiota debe seguir su instinto natural
(igual que tú y yo)

Oh, el trabajo perdido, los tesoros perdidos
y las mejores cosas planeadas
pertenecen a la mujer que no sabía por qué
(ahora sabemos que no sabía nunca por qué)
y no comprendíamos.

El idiota reducido fue a su pellejo idiota
(igual que tú y yo)
lo que puede ella haber visto que le dejó de lado-
(pero no recuerda nadie cuando la dama lo intentó)
así algunos de ellos vivieron, la mayoría han muerto
(igual que tú y yo)

Y no es la vergüenza ni la culpa
que hiere como un tizón al rojo-
se llega a saber que ella nunca supo por qué
(viendo, al fin, que no pudo nunca saber por qué)
y nunca pudimos comprender.




Theda Bara (1885-1955) llegó a Los Ángeles en 1914, y empezó a trabajar como extra hasta que la mujer de William Fox decidió apostar por ella a pesar de su edad (treinta años eran demasiados años para una estrella).
La que eligieron para que fuese su primera película, había sido un éxito en Brodway y el mismo escritor, Porter Emerson Browne, la había convertido en novela en 1909. Su título de A fool there was (Fue un tonto) lo había sacado del primer verso de The  vampire, el poema de Kipling.
La vampiresa era un ser un humano, ya no un demonio pero aún así la historia rebosaba dramatismo.
Por primera vez se utiliza la palabra "vamp", el apócope de “vampire” es una palabra que define no solo al monstruo, sino a cierto tipo de mujeres, la “femme fatale”, la mujer fatal que enamora y destruye. Theda será el rostro que encarne este nuevo arquetipo.
Al final de Fue un tonto, él se arrastra al borde del suicidio, ella se acerca y le habla al oído: "Kiss me, my fool…"
Theodosia Goodman pasará a ser Theda Bara, el anagrama del término "Arab Death", la "Muerte Árabe". La mujer de Illinois fue alojada en suites de hotel convertidas en jaimas donde seducía a los periodistas mientras engordaba la leyenda.
"La más célebre de las vampiresas, en el papel más osado, provoca la ruina y toda clase de desastres a miles de hombres". Ese era el cartel de la pelicula. Fue la primera estrella del firmamento de Hollywood, el primer monstruo parido de su laboratorio, la hija de una bohemia artista francesa enamorada de un jeque árabe.
En 1915 apareció en seis películas, obtuvo el éxito mundial con Carmen y dos años después creo un nuevo icono en la historia del cine, el personaje de Cleopatra.

lunes, 5 de agosto de 2013

No hay olvido

















foto X-C


Una mañana apareció este poema de Neruda entre los comentarios anónimos del blog, fue hace unos meses, y es un poema brutal que sin duda rezuma lluvia de piedras:

Si me preguntáis, en dónde he estado
debo decir "Sucede".
Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,
del río que durando se destruye:
no sé sino las cosas que los pájaros pierden,
el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.
Por qué tantas regiones, por qué un día
se junta con un día? Por qué una negra noche
se acumula en la boca? Por qué muertos?
Si me preguntáis de dónde vengo, tengo que conversar
con cosas rotas,
con utensilios demasiado amargos,
con grandes bestias a menudo podridas
y con mi acongojado corazón.
No son recuerdos los que se han cruzado
ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,
sino caras con lágrimas,
dedos en la garganta,
y lo que se desploma de las hojas:
la oscuridad de un día transcurrido,
de un día alimentado con nuestra triste sangre.
He aquí violetas, golondrinas,
todo cuanto nos gusta y parece
las dulces tarjetas de larga cola
por donde se pasean el tiempo y la dulzura.
Pero no penetremos más allá de esos dientes,
no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,
porque no sé qué contestar:
hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas cosas que quiero olvidar.

Le di vueltas al poema buscando su significado, algo más que la desoladora sensación que me causó, y fui leyendo y fui intentado comprender.
No hay olvido forma parte de la Segunda Residencia en la Tierra, escrito por Neruda entre 1931 y 1935.
El hombre que se planta delante de la vida y dice Yo, sabiendo que más allá de la vida está la muerte y que por tanto vivir es morir: "Sucede". De esta manera sólo importa el presente, el pasado ya no es vida y el será no es; aún así duele lo hecho y lo que no va a ser, el camino estará marcado por lo vivido.
El drama del poema es como consigue transmitirnos la temporalidad de la existencia, la realidad del fin. Pero no invita a la renuncia, si a la renuncia de otros pero no a la nuestra, el cerco de la muerte nos obliga al Yo, ya que la agonía es propia, es sola. Y así nos vamos perdiendo por el camino, renunciando, abandonando cosas en búsqueda de ese secreto final, y con cada perdida se corrompe el corazón, se engrandece la muerte, ya que andar es morir.
El dolor como algo presente y no abstracto, la pudrición y la amargura a que nos somete la vida, nuestro acongojado corazón que ve como se pierde su sangre. No es el pasado sino el ahogo del presente lo que nos anega, las hojas que caen del árbol, los días, los años…

También el tiempo nos da alegrías, todo cuanto nos gusta y aparece en las dulces tarjetas de larga cola, cosas bellas, pero sólo apariencia, mascara para distraernos de la angustia, para mostrarnos lo cotidiano como dulce; sólo la manzana dentro de la que está el veneno, la muerte, y tantas cosas que quiero olvidar.


viernes, 2 de agosto de 2013

Saint Lizier























foto Natalia Pastor


Salí del banco dando traspiés  siempre al límite, estos últimos meses habían triplicado el agujero, cada vez me era más difícil librar. Bajé despacio, como pisando huevos, las avenidas con nombres de generales y no pude reprimir la curiosidad, me acerqué a la galería del centro, sabía que en verano siempre hacían una muestra como resumen de la temporada. Era la una y media, estaba cerrado, la vieja ciudad seguía intentando mantener los horarios cardenalicios. Pegué la cara al escaparate para poder ver mejor, porque hacía mucho sol y ¡Joder! Ahí, a la izquierda, en la pared más cercana a la ventana se mostraba una foto en blanco y negro, una foto en blanco y negro que parecía una de las vidrieras de una catedral gótica. La fotografía de Natalia Pastor, era tan limpia como una puñalada y me deslumbró, la verdad es que me estremecí (y eso que la veía desde la calle) y pensé en como es posible hacer una foto tan buena, y sobre todo, en como es posible que una imagen como esa, algo que podía ver como si fuese la lámina de un libro arte, en cambio, me transmitiese tanta emoción. 
El sitio, mal hallado, como la instantánea de un recuerdo, era un lugar donde ya había estado; los grises del suelo y los ventanales me recordaban todo lo que él me había contado. Había conseguido escapar en la guerra, salió en el último barco. Siempre había intentando luchar bien, mató todo lo que pudo. Primero estuvo en las playas, cuando ya no aguantó el hambre se apuntó en la Legión Extranjera; mató alemanes como no pudo matar españoles. Entró en París a bordo de un tanque, pero no pudo volver a casa. Se acostó con aquellas mujeres moras de cejas negras y voz metálica. Tomó vinos por Montparnasse como si fuesen chatos en la tasca del pueblo. Se fue con Marie, luego se acabó el dinero. Era complicado acostumbrarse a la vida, ya no había tiros ni explosiones. Marie murió, el dinero no fue bastante. Un día se fue, no supe más. Encontré a Rose en un café, como el de aquella película en la que el camarero tenía grandes bigotes y Shirley MacLaine estaba verde y más guapa que nunca. Después vino Odile y Berta y Rachel. Paseaba por aquel país extraño recordando el humo, los disparos, los muslos de aquellas mujeres tristes. 
Era mi abuelo en aquel sanatorio en Francia, cuando vi la fotografía sentí a mi abuelo como si me hubiese tragado el mar. Él me había contado la carta que le había mandado a Marina, su prima, en el pueblo. Apenas les había dado tiempo a ir a la escuela. La pelea con las mulas y ayudar a su madre en la escombrera a recoger piedras de carbón. Quería mucho a Marina, la verdad es que era la única chica que conocía. El tiempo libre era muy poco, siempre a la salida de misa o entre los padres. El pueblo era tan pequeño, pero siempre, no se porque, estaba lleno de gente. El capataz nos ordenaba para entrar en la Iglesia, nos decía donde nos teníamos que sentar, aunque a mí siempre me tocaba quedarme de pie. Cuando estaba en el frente, en primera línea, como delante de la Fábrica de armas, siempre me acordaba de ella, habíamos bajado juntos a la feria de la Ascensión y le hicieron una foto que puse en el reloj. No tenía miedo a la guerra, era más fácil que cazar jabalíes  acerrojaba el máuser y disparaba contra los que venían enfrente. Corrió a toda prisa, cruzó el Sella y un barco lo llevó a Francia. Siguió la guerra hasta llegar a París. Mi padre me lo dijo, se que cuando fue mayor pasó los años en una sala grande y silenciosa como la nave de una catedral. Allí lo fui a recoger, a mi abuelo, enterrado en Francia.